Desempleo, Aspectos psicológicosD. Fernando Azor Lafarga, Co-director, coordinador de la sección clínica
No tener un puesto de trabajo puede ir acompañado de una serie de problemas y miedos que pueden desestabilizar a quien se encuentre en esta situación. Los peores momentos suelen darse ante la falta de respuesta tras mandar los currículos, al realizar entrevistas, al tener que re-evaluar la carrera profesional que se ha tenido hasta la fecha, al compararnos con otras personas que también buscan empleo, y en ocasiones antes de todo esto, en el momento de ser despedido.Estar parado laboralmente normalmente se asocia a un estado temporal e involuntario. Frecuentemente teñido de cierto malestar. No tiene que ser siempre así. Puede ser un momento para la tranquilidad, reevaluar nuevos objetivos, mejorar la formación teórica y práctica, para viajar, para encontrar nuevas actividades de ocio y tiempo libre, e incluso para hacer nuevos amigos. El problema viene cuando al encontrarse en esta situación uno comienza a impacientarse y quiere saber con certeza que no le va a faltar dinero y encontrará a tiempo otro trabajo.Trabajar es una actividad que nos puede servir para poder desarrollarnos como personas, nos puede ayudar a medir nuestra valía por nuestros resultados o para compararnos con quienes nos rodean. El problema es que no siempre es así, a menudo se convierte en un medio para conseguir dinero para nuestras necesidades. En muchas ocasiones el miedo a quedarse sin trabajo puede hacer que sea difícil favorecer cambios para encontrar otro mejor.Veamos aspectos que hay que tener en cuenta para que estar sin trabajo sea lo menos “desgastante” posible:
Lo primero es hacer cuentas, ponerse un sueldo mensual con el que podamos valorar el tiempo máximo de supervivencia si no se encuentra un nuevo trabajo. Es importante ser realista y si es posible destinar parte del presupuesto a extras relacionados con el bienestar.
Planificación del tiempo: es importante tener horarios, objetivos diarios en donde se intercalen planes para la búsqueda de empleo con actividades que favorezcan el bienestar como actividades deportivas, quedar con los amigos, excursiones, visitas a museos, cine…
Cuidado con dedicar más tiempo del necesario a buscar opciones laborales. Si se dedican muchas horas a conseguir opciones de empleo, aumentará mucho la necesidad de saber, de obtener una respuesta por parte de alguna empresa. Hay que tener en cuenta que la percepción del tiempo es diferente para el que necesita a cada instante pistas de que todo va por buen camino y para el empresario, él no está pensando en nuestra necesidad de encontrar un trabajo. Es fácil que aparezca la desesperación por buscar certezas que no dependen enteramente de uno. Un plazo de tiempo realista para encontrar trabajo puede estar entre tres meses y un año, dependiendo también del puesto al que se opte.
Es necesario aceptar niveles de ansiedad moderadamente altos ante algunos momentos o situaciones, aceptarlo ayudará a no desesperarse y dejar que por sí solos vayan cediendo los malestares. Ir a entrevistas, compararse con otras personas, nos puede hacer sentir en desventaja e inferiores. Habrá malestar, pero si somos realistas veremos que también estamos a la altura en función del tipo de trabajo al que optemos (por experiencia, por formación…) Además, ser entrevistado implica ser evaluado y esto lleva unido que se puede valer o no para el puesto al que nos hemos presentado. Cuidado con confundir que si el entrevistador decide que uno no es apropiado esto significa que uno no es válido, capaz, buen profesional…
No es bueno que busquemos garantías absolutas cuando aceptemos un puesto de trabajo. Debemos tener en cuenta que puede no ser como se pensó inicialmente. No hay que olvidar que no sólo es el que contrata quien elige, también ha de hacerlo quien opta al puesto de trabajo. Es importante Poder reconocer que nos hemos equivocado en la elección, en ocasiones no es tan grave seguir con el proceso hasta encontrar lo que se necesita o desea.
¡Mucho ánimo y suerte!
viernes, 10 de octubre de 2008
COMUNICACION NO VERBAL
D. Fernando Azor Lafarga, Co-director, coordinador de la sección clínica
Cuando nos comunicamos con los demás no sólo lo hacemos por medio de palabras sino que utilizamos gestos, posturas corporales, movimientos, mantenemos distancias, risas, bostezos e incluso aspectos más sutiles como errores lingüísticos, pausas y entonación para expresar más perfectamente sentimientos y matices que hacen más rica la relación entre las personas. Este lenguaje paralelo lo conocemos como comunicación no verbal. Conocer mejor qué implicaciones tiene, puede influir directamente en la mejoría de nuestras relaciones sociales: expresión y comunicación de estados emocionales, información más fidedigna que la palabra del estado del interlocutor, controlar la interacción social exteriorizando actitudes, apoyar, complementar o sustituir la comunicación verbal.
Si recuerdan haber visto alguna película de jugadores de Pocker o son ustedes aficionados al juego, sabrán que el interés principal de los jugadores suele ser intentar adivinar algún gesto, algo que permita conocer cuál es la jugada del adversario. Es decir buscan información no verbal. Veamos de qué manera influyen algunos gestos o posturas en la relación con los demás y qué información aporta:
Postura del Cuerpo.
La inclinación del cuerpo hacia delante indica acercamiento y atención.
Cuando el cuerpo se aparta del otro puede implicar rechazo.
Con la cabeza flexionada sobre el tronco y las espaldas caídas puede entenderse tristeza.
La Sonrisa y la Mirada.
La sonrisa cumple varias funciones, una mostrar amistosidad e incluso ayuda a entender que el comportamiento no es amenazante; otra, es trasmitir felicidad.
En cuanto a la mirada, sus funciones son muy diversas: expresión de actitudes interpersonales, recoger información del otro, regular el flujo de la información entre los interlocutores, establecer y consolidar jerarquías entre los individuos, manifestación de conductas de poder sobre otros, desencadenar conductas de cortejo, expresión del grado de atención mostrada por el otro e indicar el grado de implicación en lo que se hace o dice.
Una mirada directa es una conducta con alta probabilidad de atraer la atención incluso a distancia, implica un fuerte componente emocional y afectivo (como la expresión de agresividad).
Para valorar estas cuestiones se hizo el siguiente experimento: los investigadores se colocaron junto a otros coches en espera de la luz verde de un semáforo, mirando entonces al otro conductor, unas veces distraídamente otras fijamente. Los resultados mostraron que los conductores que eran mirados fijamente arrancaban más rápidamente al encenderse la luz verde que los otros. Posteriormente y para eliminar la posibilidad del “pique” entre vehículos, el cómplice se situó de pie en la esquina de una calle de dirección única, mirando a los conductores de las dos formas anteriores. De nuevo los más fijamente mirados tardaban menos en arrancar que los no mirados. Incluso repitiendo el experimento con personas que iban a cruzar la calle el resultado fue el mismo: los mirados cruzaban antes. Cuando se introdujo el factor sonrisa, la huida de la situación por parte de las personas miradas disminuyó (excepto en personas del mismo sexo que el cómplice).
Juzgamos al otro por la distancia que mantiene al hablar o por los gestos, o por cómo mira. La comunicación no Verbal es la responsable de que una persona que apenas conocemos nos caiga bien o mal. Quizás si valoramos esta realidad nos demos cuenta de la cantidad de gestos, movimientos, tartamudeos, bloqueos, etcétera que están presentes al hablar y que hasta ahora no dábamos importancia.
Cuando nos comunicamos con los demás no sólo lo hacemos por medio de palabras sino que utilizamos gestos, posturas corporales, movimientos, mantenemos distancias, risas, bostezos e incluso aspectos más sutiles como errores lingüísticos, pausas y entonación para expresar más perfectamente sentimientos y matices que hacen más rica la relación entre las personas. Este lenguaje paralelo lo conocemos como comunicación no verbal. Conocer mejor qué implicaciones tiene, puede influir directamente en la mejoría de nuestras relaciones sociales: expresión y comunicación de estados emocionales, información más fidedigna que la palabra del estado del interlocutor, controlar la interacción social exteriorizando actitudes, apoyar, complementar o sustituir la comunicación verbal.
Si recuerdan haber visto alguna película de jugadores de Pocker o son ustedes aficionados al juego, sabrán que el interés principal de los jugadores suele ser intentar adivinar algún gesto, algo que permita conocer cuál es la jugada del adversario. Es decir buscan información no verbal. Veamos de qué manera influyen algunos gestos o posturas en la relación con los demás y qué información aporta:
Postura del Cuerpo.
La inclinación del cuerpo hacia delante indica acercamiento y atención.
Cuando el cuerpo se aparta del otro puede implicar rechazo.
Con la cabeza flexionada sobre el tronco y las espaldas caídas puede entenderse tristeza.
La Sonrisa y la Mirada.
La sonrisa cumple varias funciones, una mostrar amistosidad e incluso ayuda a entender que el comportamiento no es amenazante; otra, es trasmitir felicidad.
En cuanto a la mirada, sus funciones son muy diversas: expresión de actitudes interpersonales, recoger información del otro, regular el flujo de la información entre los interlocutores, establecer y consolidar jerarquías entre los individuos, manifestación de conductas de poder sobre otros, desencadenar conductas de cortejo, expresión del grado de atención mostrada por el otro e indicar el grado de implicación en lo que se hace o dice.
Una mirada directa es una conducta con alta probabilidad de atraer la atención incluso a distancia, implica un fuerte componente emocional y afectivo (como la expresión de agresividad).
Para valorar estas cuestiones se hizo el siguiente experimento: los investigadores se colocaron junto a otros coches en espera de la luz verde de un semáforo, mirando entonces al otro conductor, unas veces distraídamente otras fijamente. Los resultados mostraron que los conductores que eran mirados fijamente arrancaban más rápidamente al encenderse la luz verde que los otros. Posteriormente y para eliminar la posibilidad del “pique” entre vehículos, el cómplice se situó de pie en la esquina de una calle de dirección única, mirando a los conductores de las dos formas anteriores. De nuevo los más fijamente mirados tardaban menos en arrancar que los no mirados. Incluso repitiendo el experimento con personas que iban a cruzar la calle el resultado fue el mismo: los mirados cruzaban antes. Cuando se introdujo el factor sonrisa, la huida de la situación por parte de las personas miradas disminuyó (excepto en personas del mismo sexo que el cómplice).
Juzgamos al otro por la distancia que mantiene al hablar o por los gestos, o por cómo mira. La comunicación no Verbal es la responsable de que una persona que apenas conocemos nos caiga bien o mal. Quizás si valoramos esta realidad nos demos cuenta de la cantidad de gestos, movimientos, tartamudeos, bloqueos, etcétera que están presentes al hablar y que hasta ahora no dábamos importancia.
RELACIONES SOCIALES
Malestar ante las relaciones socialesD. Fernando Azor Lafarga, Co-director, coordinador de la sección clínica
Parece ser que gran parte del desarrollo de nuestro cerebro a lo largo de años de evolución se debe a que somos seres sociales. Cuanto más se relaciona con sus congéneres una especie, más desarrollado tiene su cerebro. Así de complicado es comunicarse.
Conocer y entender las necesidades de los demás nos garantiza tener más éxito en el juego de las relaciones sociales, y a su vez éste nos facilita tener más apoyos, más recursos, y posiblemente más acceso a dinero y trabajos mejores.
De manera natural algunas personas tienen habilidades que les hacen fáciles las relaciones, pero a pesar de esta facilidad igualmente pueden sentir en ocasiones cierto malestar. Habilidades como la empatía, es decir ser capaz de ponerse en el lugar del otro, pueden tener sus efectos secundarios. Si uno percibe fácilmente cómo se sienten los demás, podrá agobiarse con frecuencia debido a que buscará conseguir no molestar, no generar conflicto o evitar que se le tache de algo negativo. Es fácil que a pesar del éxito social los niveles de malestar sean más altos de lo que sería deseable.
Especialmente durante la adolescencia no ser hábil socialmente puede ser muy traumático. En esta época de la vida el grupo se convierte en el referente principal. Ser rechazado es duro y suele tener gran repercusión futura. Por esa razón un adolescente suele estar tan marcado y suele ser tan fiel a su grupo de amistades. La necesidad de aceptación se convierte en algunos casos en la tiranía de la aceptación.
En el continuo de la ansiedad social, podemos valorar desde la vivencias puntuales de ansiedad social hasta la fobia social. Lo primero es común en todas las personas, la fobia es mucho más minoritaria pero relativamente frecuente en la población general, entre un 3 y un 13% según diferentes estudios.
Cuando el malestar se torna bloqueante, es decir, cuando la persona evita recurrentemente situaciones sociales para no estar mal a pesar de desear las relaciones, es entonces cuando se hace necesario poner medios para afrontar el problema. De no ser así este malestar puede ir en aumento y además generalizarse a otras situaciones.
En ocasiones las personas utilizan diferentes estrategias para librarse a corto plazo del malestar, por ejemplo: hablar mucho para evitar silencios incómodos, buscar la compañía de la gente que le dé más confianza dentro de un grupo, callarse para no meter la pata, no preguntar dudas para no parecer ignorante… Generalmente lo que más se suele evitar es ser el centro de atención, es por esto que situaciones como hablar en público pueden llegar a resultar muy angustiantes. Si a este hecho le añadimos la preocupación por ponerse rojo, que le tiemble la voz o el pulso, en definitiva, que los demás se den cuenta de su nerviosismo el temor aumenta.
Como en todas las fobias o situaciones que nos resultan incómodas, la tendencia es a intentar evitar el malestar. Esta situación resulta muy útil a corto plazo pero mantiene el problema y no nos ayuda a resolverlo.
Parece ser que gran parte del desarrollo de nuestro cerebro a lo largo de años de evolución se debe a que somos seres sociales. Cuanto más se relaciona con sus congéneres una especie, más desarrollado tiene su cerebro. Así de complicado es comunicarse.
Conocer y entender las necesidades de los demás nos garantiza tener más éxito en el juego de las relaciones sociales, y a su vez éste nos facilita tener más apoyos, más recursos, y posiblemente más acceso a dinero y trabajos mejores.
De manera natural algunas personas tienen habilidades que les hacen fáciles las relaciones, pero a pesar de esta facilidad igualmente pueden sentir en ocasiones cierto malestar. Habilidades como la empatía, es decir ser capaz de ponerse en el lugar del otro, pueden tener sus efectos secundarios. Si uno percibe fácilmente cómo se sienten los demás, podrá agobiarse con frecuencia debido a que buscará conseguir no molestar, no generar conflicto o evitar que se le tache de algo negativo. Es fácil que a pesar del éxito social los niveles de malestar sean más altos de lo que sería deseable.
Especialmente durante la adolescencia no ser hábil socialmente puede ser muy traumático. En esta época de la vida el grupo se convierte en el referente principal. Ser rechazado es duro y suele tener gran repercusión futura. Por esa razón un adolescente suele estar tan marcado y suele ser tan fiel a su grupo de amistades. La necesidad de aceptación se convierte en algunos casos en la tiranía de la aceptación.
En el continuo de la ansiedad social, podemos valorar desde la vivencias puntuales de ansiedad social hasta la fobia social. Lo primero es común en todas las personas, la fobia es mucho más minoritaria pero relativamente frecuente en la población general, entre un 3 y un 13% según diferentes estudios.
Cuando el malestar se torna bloqueante, es decir, cuando la persona evita recurrentemente situaciones sociales para no estar mal a pesar de desear las relaciones, es entonces cuando se hace necesario poner medios para afrontar el problema. De no ser así este malestar puede ir en aumento y además generalizarse a otras situaciones.
En ocasiones las personas utilizan diferentes estrategias para librarse a corto plazo del malestar, por ejemplo: hablar mucho para evitar silencios incómodos, buscar la compañía de la gente que le dé más confianza dentro de un grupo, callarse para no meter la pata, no preguntar dudas para no parecer ignorante… Generalmente lo que más se suele evitar es ser el centro de atención, es por esto que situaciones como hablar en público pueden llegar a resultar muy angustiantes. Si a este hecho le añadimos la preocupación por ponerse rojo, que le tiemble la voz o el pulso, en definitiva, que los demás se den cuenta de su nerviosismo el temor aumenta.
Como en todas las fobias o situaciones que nos resultan incómodas, la tendencia es a intentar evitar el malestar. Esta situación resulta muy útil a corto plazo pero mantiene el problema y no nos ayuda a resolverlo.
EL CUIDADO DE PERSONAS MAYORES
D. Fernando Azor Lafarga, Co-director, coordinador de la sección clínica
Muchas son las personas en nuestro país que dedican un gran número de horas al cuidado de un familiar de edad avanzada. Esta tarea puede llegar a ser muy satisfactoria, pero a menudo es una tarea ingrata, solitaria y difícil.
Hay dos aspectos psicológicos importantes en este tipo de relación: el “desgaste” del cuidador y la calidad de vida del anciano. El esfuerzo, la dedicación y la renuncia a promociones laborales, amistades, otros estilos de vida... Pueden acabar dando la sensación de estar siendo superado por la situación. Por suerte cuidar puede significar encontrar en uno mismo cualidades, aptitudes que de otra manera no habríamos podido encontrar. Para intentar llegar a un equilibrio entre ellos es muy importante que la persona encargada del cuidado conozca algunas normas básicas: si sabemos cómo actuar ante distintas situaciones, incluso antes de que ocurran, la tensión será menor y en consecuencia también el “desgaste”.Veamos algunos factores a tener en cuenta en el cuidado de una persona mayor: En primer lugar la movilidad. En muchas ocasiones la inmovilidad va aumentando poco a poco y los familiares se van acostumbrando a ella. Cuando se quiere poner un remedio es ya demasiado tarde. Si nota que su familiar anda cada vez menos y no hay ninguna causa médica que lo justifique, intente motivarlo para que no se quede siempre parado: cree oportunidades para fomentar la movilidad y un aumento en sus desplazamientos (evitar esfuerzos a las personas mayores no es siempre una buena ayuda), hágale sentir seguro y confiado para que no tema un accidente, ofrézcale ayudas como muletas, bastones, andadores... para facilitar sus desplazamientos, solicite en su centro médico una tabla de ejercicio adaptada a las características de la persona. Si la persona mayor tiene las posibilidades muy reducidas para moverse, establezca una rutina diaria de cambios posturales (boca arriba, boca abajo, sobre el costado izquierdo y sobre el costado derecho). En segundo lugar la agresividad. En general las reacciones agresivas de las personas mayores se producen como consecuencia de sentimientos de incapacidad, depresión, de cambios inesperados en el entorno social o físico o son debidos a la medicación. Para controlar sus respuestas de ira intente actuar de la siguiente manera: descarte por medio de su médico la actuación de algún fármaco, fomente la independencia de la persona a la que cuida, haga el menor número de cambios en la vida diaria, no preste atención a su familiar cuando se comporte de modo agresivo, elógiele cuando se comporte positivamente, intente que realice actividades que le impidan que se comporte agresivamente. Ante un comportamiento agresivo: Permanezca tranquilo y actúe con calma, distraiga su atención, pregúntele en un tono amable qué le ocurre, elimine objetos peligrosos de la vista, si la violencia persiste, sujétele, únicamente, por los brazos de la forma más suave posible.En tercer lugar el insomnio: Consulte al médico si la medicación que toma su familiar interfiere en el sueño, evite las cenas copiosas y las bebidas excitantes, asegúrese de que el dormitorio sea silencioso, con una temperatura adecuada y bien ventilado, evite que su familiar pase un número excesivo de horas en la cama, procure que utilice la cama únicamente para dormir, procure que realice alguna actividad relajante antes de dormir y procure que mantenga un horario fijo.En cuarto lugar la tristeza: los sentimientos de tristeza pueden aumentar la necesidad de ayuda. Darle responsabilidades, oportunidades para que se sienta útil, aumentar el número de actividades, aumentar el contacto con otras personas, realizar actividades físicas, etc. hará que él se sienta mucho mejor. Estos son algunos de los problemas que puede que tenga que afrontar si tiene un familiar mayor a su cargo. Intente poner en práctica estas indicaciones, obtendrá buenos resultados.
Muchas son las personas en nuestro país que dedican un gran número de horas al cuidado de un familiar de edad avanzada. Esta tarea puede llegar a ser muy satisfactoria, pero a menudo es una tarea ingrata, solitaria y difícil.
Hay dos aspectos psicológicos importantes en este tipo de relación: el “desgaste” del cuidador y la calidad de vida del anciano. El esfuerzo, la dedicación y la renuncia a promociones laborales, amistades, otros estilos de vida... Pueden acabar dando la sensación de estar siendo superado por la situación. Por suerte cuidar puede significar encontrar en uno mismo cualidades, aptitudes que de otra manera no habríamos podido encontrar. Para intentar llegar a un equilibrio entre ellos es muy importante que la persona encargada del cuidado conozca algunas normas básicas: si sabemos cómo actuar ante distintas situaciones, incluso antes de que ocurran, la tensión será menor y en consecuencia también el “desgaste”.Veamos algunos factores a tener en cuenta en el cuidado de una persona mayor: En primer lugar la movilidad. En muchas ocasiones la inmovilidad va aumentando poco a poco y los familiares se van acostumbrando a ella. Cuando se quiere poner un remedio es ya demasiado tarde. Si nota que su familiar anda cada vez menos y no hay ninguna causa médica que lo justifique, intente motivarlo para que no se quede siempre parado: cree oportunidades para fomentar la movilidad y un aumento en sus desplazamientos (evitar esfuerzos a las personas mayores no es siempre una buena ayuda), hágale sentir seguro y confiado para que no tema un accidente, ofrézcale ayudas como muletas, bastones, andadores... para facilitar sus desplazamientos, solicite en su centro médico una tabla de ejercicio adaptada a las características de la persona. Si la persona mayor tiene las posibilidades muy reducidas para moverse, establezca una rutina diaria de cambios posturales (boca arriba, boca abajo, sobre el costado izquierdo y sobre el costado derecho). En segundo lugar la agresividad. En general las reacciones agresivas de las personas mayores se producen como consecuencia de sentimientos de incapacidad, depresión, de cambios inesperados en el entorno social o físico o son debidos a la medicación. Para controlar sus respuestas de ira intente actuar de la siguiente manera: descarte por medio de su médico la actuación de algún fármaco, fomente la independencia de la persona a la que cuida, haga el menor número de cambios en la vida diaria, no preste atención a su familiar cuando se comporte de modo agresivo, elógiele cuando se comporte positivamente, intente que realice actividades que le impidan que se comporte agresivamente. Ante un comportamiento agresivo: Permanezca tranquilo y actúe con calma, distraiga su atención, pregúntele en un tono amable qué le ocurre, elimine objetos peligrosos de la vista, si la violencia persiste, sujétele, únicamente, por los brazos de la forma más suave posible.En tercer lugar el insomnio: Consulte al médico si la medicación que toma su familiar interfiere en el sueño, evite las cenas copiosas y las bebidas excitantes, asegúrese de que el dormitorio sea silencioso, con una temperatura adecuada y bien ventilado, evite que su familiar pase un número excesivo de horas en la cama, procure que utilice la cama únicamente para dormir, procure que realice alguna actividad relajante antes de dormir y procure que mantenga un horario fijo.En cuarto lugar la tristeza: los sentimientos de tristeza pueden aumentar la necesidad de ayuda. Darle responsabilidades, oportunidades para que se sienta útil, aumentar el número de actividades, aumentar el contacto con otras personas, realizar actividades físicas, etc. hará que él se sienta mucho mejor. Estos son algunos de los problemas que puede que tenga que afrontar si tiene un familiar mayor a su cargo. Intente poner en práctica estas indicaciones, obtendrá buenos resultados.
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