¿Cómo me comunico?¿Transmito lo que quiero?D. Fernando Azor Lafarga, Co-director, coordinador de la sección clínica
Comunicarnos con los demás no siempre es fácil. Nuestras emociones, nuestras inseguridades y las de los demás pueden ser frenos para hacer llegar correctamente al otro lo que queremos decir. Sentir que algo es evidente, que llevamos la razón y que así debe entenderlo todo el mundo, nos ayuda a defender ideas y necesidades, pero también nos puede hacer sentir con demasiada frecuencia decepción al ver que los demás no ven la realidad como nosotros lo vemos. Además, la vehemencia con la que defenderemos nuestra visión puede hacer que el otro en vez de atender a nuestros argumentos y reflexionar sobre ellos, se centre más en defenderse y explicarse. Lamentablemente, no siempre los demás nos perciben de la manera que queremos.
Para intentar simplificar la comunicación humana, podemos decir que existen cuatro modos de comunicación esenciales: la agresión, la sumisión, la agresión pasiva y la aserción o asertividad. Cotidianamente intercalamos estos modos, siendo frecuente que tendamos a unos más que a otros. Lo más común es que evitemos la agresión debido al conflicto que ésta genera. Normalmente para evitar el conflicto, tendemos a callarnos lo que pensamos hasta que llega un punto en que no podemos aguantar más y entonces pese a no pretenderlo, acabamos explotando y soltando lo que pensábamos de una forma muy agresiva.
Dependiendo de la cantidad de normas rígidas sobre lo correcto o incorrecto que uno tiene interiorizadas, será más o menos fácil enfadarse cuando los otros rompan esas normas, y de esta forma podremos llegar a un modo de comunicación agresivo. Otras veces, por temor al conflicto, la agresión no es tan directa ni clara sino más sutil, a esto lo llamamos agresión pasiva. Un ejemplo de esta comunicación sería quedarse callado ante preguntas del tipo: “¿Vamos a dar una vuelta?, ¿Estás bien?, ¿Te pasa algo?”. El silencio en estos casos transmite mensajes del tipo “eres tonto”, “paso de ti”, o “no te enteras de nada”; así no se deja claro si uno está enfadado, ni la razón de ese enfado pero sí se transmite malestar
Si queremos conseguir trasladar al otro nuestro malestar, y sugerir cambios, es decir, si queremos que el otro se haga cargo de algo que nos molesta, tendremos que valorar otras posibilidades de comunicación. El mejor tipo de comunicación para este objetivo es la aserción o asertividad, es decir, expresar lo que sentimos de una forma abierta y clara sin coaccionar. El problema es que hablar de una forma abierta y clara a veces lleva al conflicto, por eso puede ser complicado defender una necesidad.
Muchas veces esperamos que sean los otros los que se den cuenta de nuestras necesidades, y si no lo hacen parece que nos dan el derecho a enfadarnos y a solicitarlo por medio de conductas más agresivas. Éstas muchas veces son eficaces pero pueden desgastar la relación. La opción asertiva creo que es realmente interesante pero sólo si se comprendemos que no garantiza que el otro vaya a cambiar o a estar de acuerdo con lo que nosotros necesitamos. Es decir, en ocasiones esta opción conlleva cierto conflicto. Aun así con la asertividad quedará claro cuál es la opinión o el deseo que uno tiene, pudiendo defenderlo sin caer en la agresión.
Así pues, si lo que queremos es no tener conflictos lo mejor es ser sumisos, si bien es cuestión de tiempo que acabemos estallando hacia fuera o hacia dentro a fuerza de aguantar.
viernes, 10 de octubre de 2008
SI NO TENGO PAREJA HE FRACASADO?
D. Fernando Azor Lafarga, Co-director, coordinador de la sección clínica
Cotidianamente atiendo en consulta a personas que muestran un malestar derivado de esta situación: no tener pareja. Ocurre como un hecho puntual tras una ruptura, o bien como una circunstancia mantenida en el tiempo, siendo la soltería un estado con el que con mayor o menor agrado cada uno se identifica. Dicen las estadísticas que el once por ciento de la población española vive sola.
No tener pareja es una opción que en ocasiones es elegida y en otras no. Las circunstancias personales y la manera de ser de cada uno favorecen el resultado final, por eso se pueden los siguientes casos:
Los que prefieren no comprometerse con una pareja pueden enlazar relaciones no duraderas pero sí satisfactorias. Su estado emocional dependerá normalmente de tener una buena red social (amigos) y una buena planificación de objetivos y actividades.
Los que se han acostumbrado a su intimidad y les cuesta dejar que otro interrumpa su cotidianidad, en ocasiones por los horarios profesionales, frecuentes viajes…
Los que por su timidez les cuesta conocer a alguien e intimar lo suficiente como para dar pie para que surja una relación de convivencia. Si no se realizan actividades que nos acerquen a otras personas es complicado despertar la atracción.
Los que eligen mal, quizás por necesidad, quizás por la ilusión inicial, quizás por amoldarse al otro como forma de darle una oportunidad, pero el tiempo acaba mostrando la incompatibilidad entre ambos.
Los que tienen algún tipo de enfermedad que restringe sus movimientos o aquellos que padecen trastornos psiquiátricos de diferente gravedad. La capacidad de relacionarse es baja y por tanto la probabilidad de encontrar pareja también lo es.
Centrémonos en algunos consejos para hacer frente a estas circunstancias de vida cuando se viven con malestar:
Es importante sentirse bien con uno mismo para sentirnos cómodos con los demás. Hay que plantearse aficiones, retomar o empezar actividades que nos resulten agradables. Si no las encontramos, sería bueno aventurarse e intentar probar alguna que aunque luego no nos guste… quizás acabemos dando con la que más o menos nos llene. Cualquiera vale: clases de tenis, ajedrez, senderismo, gimnasio, talleres de literatura, curso de cata de vinos, una ONG o el cada vez más utilizado internet.
Debemos cuestionarnos algunos miedos e inseguridades, ¿es tan malo irse solo al cine a ver una peli, a un museo, a una exposición o a dar un paseo por un parque?
Cuantos más apoyos sociales seamos capaces de generar mejor nos sentiremos, es un factor protector muy importante a la hora de ser capaz de disfrutar de la soltería y también de la convivencia en pareja.
Cuidado con dejarnos llevar por la autocompasión, es poco probable que consigamos sentirnos mejor.
Cuidado con analizar a todo el mundo como una posible pareja. Si hacemos esto es más fácil desilusionarse porque es difícil encontrar a alguien “perfecto” desde un primer momento
Cotidianamente atiendo en consulta a personas que muestran un malestar derivado de esta situación: no tener pareja. Ocurre como un hecho puntual tras una ruptura, o bien como una circunstancia mantenida en el tiempo, siendo la soltería un estado con el que con mayor o menor agrado cada uno se identifica. Dicen las estadísticas que el once por ciento de la población española vive sola.
No tener pareja es una opción que en ocasiones es elegida y en otras no. Las circunstancias personales y la manera de ser de cada uno favorecen el resultado final, por eso se pueden los siguientes casos:
Los que prefieren no comprometerse con una pareja pueden enlazar relaciones no duraderas pero sí satisfactorias. Su estado emocional dependerá normalmente de tener una buena red social (amigos) y una buena planificación de objetivos y actividades.
Los que se han acostumbrado a su intimidad y les cuesta dejar que otro interrumpa su cotidianidad, en ocasiones por los horarios profesionales, frecuentes viajes…
Los que por su timidez les cuesta conocer a alguien e intimar lo suficiente como para dar pie para que surja una relación de convivencia. Si no se realizan actividades que nos acerquen a otras personas es complicado despertar la atracción.
Los que eligen mal, quizás por necesidad, quizás por la ilusión inicial, quizás por amoldarse al otro como forma de darle una oportunidad, pero el tiempo acaba mostrando la incompatibilidad entre ambos.
Los que tienen algún tipo de enfermedad que restringe sus movimientos o aquellos que padecen trastornos psiquiátricos de diferente gravedad. La capacidad de relacionarse es baja y por tanto la probabilidad de encontrar pareja también lo es.
Centrémonos en algunos consejos para hacer frente a estas circunstancias de vida cuando se viven con malestar:
Es importante sentirse bien con uno mismo para sentirnos cómodos con los demás. Hay que plantearse aficiones, retomar o empezar actividades que nos resulten agradables. Si no las encontramos, sería bueno aventurarse e intentar probar alguna que aunque luego no nos guste… quizás acabemos dando con la que más o menos nos llene. Cualquiera vale: clases de tenis, ajedrez, senderismo, gimnasio, talleres de literatura, curso de cata de vinos, una ONG o el cada vez más utilizado internet.
Debemos cuestionarnos algunos miedos e inseguridades, ¿es tan malo irse solo al cine a ver una peli, a un museo, a una exposición o a dar un paseo por un parque?
Cuantos más apoyos sociales seamos capaces de generar mejor nos sentiremos, es un factor protector muy importante a la hora de ser capaz de disfrutar de la soltería y también de la convivencia en pareja.
Cuidado con dejarnos llevar por la autocompasión, es poco probable que consigamos sentirnos mejor.
Cuidado con analizar a todo el mundo como una posible pareja. Si hacemos esto es más fácil desilusionarse porque es difícil encontrar a alguien “perfecto” desde un primer momento
Cómo elegir una terapia psicológica?
Alejandra Carmona Franco, Editora
En nuestra sociedad cada vez es más frecuente acudir al psicólogo, pero en el mercado nos encontramos con una gran variedad de profesionales que además actúan de diferente forma, y no siempre es fácil hacer una buena elección.
El primer paso es saber que se necesita la ayuda de un psicólogo, algo que no es tan fácil de determinar, ya que en nuestra práctica clínica nos encontramos en muchas ocasiones con personas que antes de acudir a nuestra consulta han pasado un largo tiempo padeciendo sin saber qué les ocurría, o simplemente sin saber que el origen de su malestar era psicológico; en otras ocasiones vienen de una larga andadura por médicos que no les solucionaban el problema. Muchos de los artículos de esta revista están encaminados a dar una información básica, coherente y sencilla de los problemas que pueden necesitar un abordaje psicológico, por lo que no nos adentraremos en esta cuestión.
Una vez determinado que se necesita la ayuda de un psicólogo es cuando puede encontrarse con el primer problema ya que no siempre tenemos cerca alguien que nos pueda recomendar uno, y debido a las diferentes orientaciones de los profesionales, aquel que nos recomiendan puede no ser el óptimo para nuestro problema. Un criterio de elección puede venirnos dado por cuestiones generales, es decir, si la ayuda es por ejemplo para un niño, un adolescente, un adulto o un anciano, o si es un problema de pareja o un problema sexual. En la práctica los profesionales tienden a especializarse, y a ir ahondando más en estos bloques, ya que la diversidad de todos ellos es excesiva pues requiere métodos diferenciados. Así pues, es importante saber si el profesional en cuestión trata estos bloques.
También podemos dirigir nuestra decisión en función de si buscamos un tratamiento privado o no.En España, en la Seguridad Social (SS) se ofrece tratamiento psicológico para una serie de patologías, que varía según las diferentes comunidades autónomas. Pero en casi todo el territorio nacional se ofrece asistencia psicológica de manera diferenciada a niños y adolescentes por un lado, y a adultos por otro. La psicogerontología, que sería el ámbito de actuación psicológica específica para ancianos, no suele estar diferenciada de la asistencia a adultos. Por otro lado, el abordaje psicológico de conflictos de pareja no se recoge en muchos sitios, así como los problemas de índole sexual, por lo que la alternativa es la consulta privada.
Respecto a la patología en adultos que se aborda en la SS, en casi todas las autonomías se encuentra en el registro de moderado a grave. Así, por ejemplo, la patología psicótica (esquizofrenia, trastornos psicóticos y trastornos de ideas delirantes), el trastorno bipolar, los episodios depresivos graves, los trastornos neuróticos graves, los trastornos de la conducta alimentaria, o los trastornos graves de la personalidad, reciben asistencia tanto psicológica como psiquiátrica, en dispositivos de la SS a los que se debe acceder mediante derivación del médico de cabecera. El abordaje de estos problemas es tanto individual como grupal, en dispositivos tanto de contención para las fases agudas como los hospitales, como en fases posteriores en centros de rehabilitación y soporte. Las drogodependencias también tienen un buen soporte dentro del sistema público, si bien suelen tener un circuito específico y diferenciado de atención, para el que también se puede obtener información a través del médico de cabecera.
Respecto a la patología en niños y adolescentes, se recibe asistencia para los trastornos generalizados del desarrollo (como el autismo), los trastornos por déficit de atención e hiperactividad, los trastornos disociales, oposicionista y desafiante, trastornos psicóticos, trastornos depresivos, trastornos de ansiedad o trastornos de la identidad sexual.
Es importante recalcar que la atención varía según las diferentes CCAA, por lo que el criterio del médico de cabecera o del pediatra en su caso, prevalece a la hora de determinar la derivación.
En el ámbito privado podemos encontrar la asistencia a todo tipo de problemas. En muchas ocasiones, como hemos dicho antes, la persona no sabrá lo que le ocurre (entre otras cosas es función del profesional determinar el diagnóstico o la problemática), pero ante la posibilidad de que la persona tenga una idea de lo que le ocurre, o haya intentado solucionar el problema sin éxito y se plantee una ayuda profesional, hablaremos de los diferentes tratamientos psicológicos y ante que problemáticas han demostrado evidencia científica en su abordaje, es decir, que tienen respaldo en investigaciones sistematizadas.
Un abordaje psicológico en sí mismo ofrece un soporte y una ayuda en un terreno en el que muchas personas se encuentran perdidas, y la elección puede venir determinada bien por el tipo de enfoque o bien por la problemática específica. Las orientaciones psicológicas principales son el enfoque conductual, el enfoque cognitivo-conductual, el enfoque humanista, el enfoque psicoanalítico y psicodinámico, el enfoque Gestaltico, el enfoque constructivista y el enfoque sistémico. Para patologías o problemáticas específicas, no todos estos enfoques han demostrado su utilidad, si bien hablamos de problemas claramente diferenciados; pero hay otros muchos problemas que tienen que ver con el manejo general de la persona, cómo afronta los problemas, sus rasgos de personalidad y otros muchos factores, que no configuran un diagnóstico claro pero si plantean sufrimiento de algún tipo en la persona que se plantea la ayuda. En estos casos no podremos determinar la elección en base a criterios científicos, sino más bien en base al tipo de enfoque, y si la forma de trabajar del terapeuta se adapta a las necesidades y a las expectativas de la persona.
En nuestra sociedad cada vez es más frecuente acudir al psicólogo, pero en el mercado nos encontramos con una gran variedad de profesionales que además actúan de diferente forma, y no siempre es fácil hacer una buena elección.
El primer paso es saber que se necesita la ayuda de un psicólogo, algo que no es tan fácil de determinar, ya que en nuestra práctica clínica nos encontramos en muchas ocasiones con personas que antes de acudir a nuestra consulta han pasado un largo tiempo padeciendo sin saber qué les ocurría, o simplemente sin saber que el origen de su malestar era psicológico; en otras ocasiones vienen de una larga andadura por médicos que no les solucionaban el problema. Muchos de los artículos de esta revista están encaminados a dar una información básica, coherente y sencilla de los problemas que pueden necesitar un abordaje psicológico, por lo que no nos adentraremos en esta cuestión.
Una vez determinado que se necesita la ayuda de un psicólogo es cuando puede encontrarse con el primer problema ya que no siempre tenemos cerca alguien que nos pueda recomendar uno, y debido a las diferentes orientaciones de los profesionales, aquel que nos recomiendan puede no ser el óptimo para nuestro problema. Un criterio de elección puede venirnos dado por cuestiones generales, es decir, si la ayuda es por ejemplo para un niño, un adolescente, un adulto o un anciano, o si es un problema de pareja o un problema sexual. En la práctica los profesionales tienden a especializarse, y a ir ahondando más en estos bloques, ya que la diversidad de todos ellos es excesiva pues requiere métodos diferenciados. Así pues, es importante saber si el profesional en cuestión trata estos bloques.
También podemos dirigir nuestra decisión en función de si buscamos un tratamiento privado o no.En España, en la Seguridad Social (SS) se ofrece tratamiento psicológico para una serie de patologías, que varía según las diferentes comunidades autónomas. Pero en casi todo el territorio nacional se ofrece asistencia psicológica de manera diferenciada a niños y adolescentes por un lado, y a adultos por otro. La psicogerontología, que sería el ámbito de actuación psicológica específica para ancianos, no suele estar diferenciada de la asistencia a adultos. Por otro lado, el abordaje psicológico de conflictos de pareja no se recoge en muchos sitios, así como los problemas de índole sexual, por lo que la alternativa es la consulta privada.
Respecto a la patología en adultos que se aborda en la SS, en casi todas las autonomías se encuentra en el registro de moderado a grave. Así, por ejemplo, la patología psicótica (esquizofrenia, trastornos psicóticos y trastornos de ideas delirantes), el trastorno bipolar, los episodios depresivos graves, los trastornos neuróticos graves, los trastornos de la conducta alimentaria, o los trastornos graves de la personalidad, reciben asistencia tanto psicológica como psiquiátrica, en dispositivos de la SS a los que se debe acceder mediante derivación del médico de cabecera. El abordaje de estos problemas es tanto individual como grupal, en dispositivos tanto de contención para las fases agudas como los hospitales, como en fases posteriores en centros de rehabilitación y soporte. Las drogodependencias también tienen un buen soporte dentro del sistema público, si bien suelen tener un circuito específico y diferenciado de atención, para el que también se puede obtener información a través del médico de cabecera.
Respecto a la patología en niños y adolescentes, se recibe asistencia para los trastornos generalizados del desarrollo (como el autismo), los trastornos por déficit de atención e hiperactividad, los trastornos disociales, oposicionista y desafiante, trastornos psicóticos, trastornos depresivos, trastornos de ansiedad o trastornos de la identidad sexual.
Es importante recalcar que la atención varía según las diferentes CCAA, por lo que el criterio del médico de cabecera o del pediatra en su caso, prevalece a la hora de determinar la derivación.
En el ámbito privado podemos encontrar la asistencia a todo tipo de problemas. En muchas ocasiones, como hemos dicho antes, la persona no sabrá lo que le ocurre (entre otras cosas es función del profesional determinar el diagnóstico o la problemática), pero ante la posibilidad de que la persona tenga una idea de lo que le ocurre, o haya intentado solucionar el problema sin éxito y se plantee una ayuda profesional, hablaremos de los diferentes tratamientos psicológicos y ante que problemáticas han demostrado evidencia científica en su abordaje, es decir, que tienen respaldo en investigaciones sistematizadas.
Un abordaje psicológico en sí mismo ofrece un soporte y una ayuda en un terreno en el que muchas personas se encuentran perdidas, y la elección puede venir determinada bien por el tipo de enfoque o bien por la problemática específica. Las orientaciones psicológicas principales son el enfoque conductual, el enfoque cognitivo-conductual, el enfoque humanista, el enfoque psicoanalítico y psicodinámico, el enfoque Gestaltico, el enfoque constructivista y el enfoque sistémico. Para patologías o problemáticas específicas, no todos estos enfoques han demostrado su utilidad, si bien hablamos de problemas claramente diferenciados; pero hay otros muchos problemas que tienen que ver con el manejo general de la persona, cómo afronta los problemas, sus rasgos de personalidad y otros muchos factores, que no configuran un diagnóstico claro pero si plantean sufrimiento de algún tipo en la persona que se plantea la ayuda. En estos casos no podremos determinar la elección en base a criterios científicos, sino más bien en base al tipo de enfoque, y si la forma de trabajar del terapeuta se adapta a las necesidades y a las expectativas de la persona.
REHABILITACIÓN PSICOSOCIAL
Francisco Javier Fernández Rodríguez, Centro de Rehabilitación Psicosocial “Alcobendas”
Es complicado abarcar y explicar en pocas palabras qué es la rehabilitación Psicosocial. O quizá no sea esto exactamente, sino que lo complejo es abarcar todo lo que la rehabilitación Psicosocial persigue.
Recuerdo de forma nítida una escena que me impactó de la película “ El hombre de Alcatraz”, en la que el personaje de Burt Lancaster se encuentra frente a frente con el director de la prisión en una discusión del significado de la Rehabilitación, entonces Burt Lancaster define la rehabilitación como el proceso para devolver la dignidad a la persona. Creo que desde ese momento se complementó para mí aún más el significado de esta palabra.
Desde una perspectiva más teórica, la rehabilitación Psicosocial tiene el objetivo de buscar la reinserción en la comunidad de las personas con enfermedad mental, a través de los apoyos necesarios para lograr una mayor autonomía y una integración en la dinámica social lo más normalizada posible.
Históricamente, la atención que las personas con enfermedad mental recibían estaba muy relacionada con la contención y la custodia. Se trataba de internamientos en instituciones psiquiátricas (los antiguos manicomios), en las cuales se les mantenía alejados de la sociedad, con una atención psiquiátrica escasa y masificada, lo que implicaba un alto grado de despersonalización. Esto desembocaba en un amplio deterioro personal y en la cronificación de los enfermos.Sin embargo la situación fue cambiando y, acompañando a los cambios sociales y políticos, también fueron produciéndose cambios en la efectividad de los fármacos, los tratamientos psiquiátricos y por supuesto se posibilitó el inicio de la Rehabilitación Psicosocial.
Si nos acercamos un poco a las personas con enfermedad mental, podremos concluir que no solo tienen dificultades específicas de sus síntomas o de su trastorno, sino que de forma habitual la enfermedad ha hecho mella en una gran cantidad de aspectos de su vida, afectando a todos los ámbitos y disminuyendo así su autonomía y su grado de participación e inserción en la comunidad. De este modo, las áreas que de forma habitual se ven más afectadas son las siguientes:
Autocuidados (higiene personal y hábitos saludables)
Actividades de la vida diaria (manejo en general para el cuidado de su ambiente cotidiano: tareas del hogar, manejo de transportes, realización de trámites burocráticos, uso de medios de comunicación,…).
Ocio y tiempo libre
Integración en las actividades de la comunidad
Habilidades Sociales
Conocimientos sobre su enfermedad, prevención de recaídas y manejo de la medicación (Psicoeducación)
Cognitiva (atención, concentración,…)
Autocontrol (manejo e integración de las emociones)
Integración laboral
La combinación en muchos casos de déficits en las áreas anteriores provoca que el ámbito familiar cobre especial relevancia tanto por las dificultades que surgen en él, como por las necesidades de intervención que se derivan de ellas. La familia es el contexto natural por excelencia para la mayor parte de las personas y supone el primer apoyo para quienes padecen enfermedad mental. Este es el motivo de que en la rehabilitación Psicosocial la familia tenga un lugar prioritario dentro del proceso de rehabilitación del propio usuario. Centrándose así la intervención no solo en el usuario con enfermedad mental, sino en los miembros de su familia o personas con las que convive.
Con todo ello, el enfoque de la atención Psicosocial trata de acercarse al individuo, a su situación, trata de abordar sus dificultades concretas y utilizar sus habilidades y capacidades para lograr una mayor calidad de vida.
Para hacer posible este nuevo enfoque de atención, fue necesario realizar un análisis de los profesionales que participaban de la misma. Así, tradicionalmente la atención estaba mucho más centrada en el tratamiento médico, siendo profesionales de referencia médicos psiquiatras, diplomados en enfermería, auxiliares… Actualmente, además de estos profesionales, que continúan realizando labores de atención médica y psiquiátrica, se han incorporado otros relacionados también con la atención socio-sanitaria: psicólogos, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, monitores/educadores. Si bien alguno de éstos ya participaba en los antiguos modelos de atención.La combinación de diversos profesionales y de distintas disciplinas, hace posible una complementariedad fundamental en el tratamiento Psicosocial, y un abordaje amplio, que facilita la atención integral de la persona en todas las áreas, y desde distintos enfoques.
La filosofía de la atención Psicosocial es, como ya he comentado, la de tratar de cubrir las demandas y necesidades psico-sociales de las personas atendidas. Esto se ha traducido en la creación de recursos específicos que den respuestas a las necesidades antes mencionadas. De este modo, han ido surgiendo recursos que aglutinan el trabajo en distintas áreas, con la idea de poder abarcar, las que son deficitarias y facilitar el entrenamiento y rehabilitación de las mismas. Cada persona es distinta y las necesidades y el proceso de rehabilitación también lo son. En este sentido cada una de ellas es derivada a aquellos recursos que pueden aportar el apoyo y la atención necesaria según su situación específica.
RECURSOS DE REHABILITACION PSICOSOCIAL
ATENCION AMBULATORIA
ATENCION RESIDENCIAL
CRPS Centro de Rehabilitación
MINI RESIDENCIAS
Psicosocial
CENTRO DE DIA
PISOS SUPERVISADOS
CRL Centro de Rehabilitación
PENSIONES CONCERTADAS
Laboral
SUPERVISADAS
EASC Equipos de Apoyo Socio Comunitario
Por último, pero no por ello menos importante, señalar que la rehabilitación Psicosocial no sería posible sin el funcionamiento coordinado de los distintos tipos de recursos, tanto sociales como sanitarios. Así Centros de Salud Mental, Hospitales Psiquiátricos y Generales, Médicos de Atención Primaria, Servicios Sociales de los Ayuntamientos, CRPS, Mini Residencias, CD, CRL,… trabajan diariamente codo con codo, revisando cada caso, aportando iniciativas, buscando alternativas… y todo ello con el objetivo final de lograr “restaurar la dignidad”, o lo que es lo mismo, posibilitar la integración en la comunidad de forma activa.
Es complicado abarcar y explicar en pocas palabras qué es la rehabilitación Psicosocial. O quizá no sea esto exactamente, sino que lo complejo es abarcar todo lo que la rehabilitación Psicosocial persigue.
Recuerdo de forma nítida una escena que me impactó de la película “ El hombre de Alcatraz”, en la que el personaje de Burt Lancaster se encuentra frente a frente con el director de la prisión en una discusión del significado de la Rehabilitación, entonces Burt Lancaster define la rehabilitación como el proceso para devolver la dignidad a la persona. Creo que desde ese momento se complementó para mí aún más el significado de esta palabra.
Desde una perspectiva más teórica, la rehabilitación Psicosocial tiene el objetivo de buscar la reinserción en la comunidad de las personas con enfermedad mental, a través de los apoyos necesarios para lograr una mayor autonomía y una integración en la dinámica social lo más normalizada posible.
Históricamente, la atención que las personas con enfermedad mental recibían estaba muy relacionada con la contención y la custodia. Se trataba de internamientos en instituciones psiquiátricas (los antiguos manicomios), en las cuales se les mantenía alejados de la sociedad, con una atención psiquiátrica escasa y masificada, lo que implicaba un alto grado de despersonalización. Esto desembocaba en un amplio deterioro personal y en la cronificación de los enfermos.Sin embargo la situación fue cambiando y, acompañando a los cambios sociales y políticos, también fueron produciéndose cambios en la efectividad de los fármacos, los tratamientos psiquiátricos y por supuesto se posibilitó el inicio de la Rehabilitación Psicosocial.
Si nos acercamos un poco a las personas con enfermedad mental, podremos concluir que no solo tienen dificultades específicas de sus síntomas o de su trastorno, sino que de forma habitual la enfermedad ha hecho mella en una gran cantidad de aspectos de su vida, afectando a todos los ámbitos y disminuyendo así su autonomía y su grado de participación e inserción en la comunidad. De este modo, las áreas que de forma habitual se ven más afectadas son las siguientes:
Autocuidados (higiene personal y hábitos saludables)
Actividades de la vida diaria (manejo en general para el cuidado de su ambiente cotidiano: tareas del hogar, manejo de transportes, realización de trámites burocráticos, uso de medios de comunicación,…).
Ocio y tiempo libre
Integración en las actividades de la comunidad
Habilidades Sociales
Conocimientos sobre su enfermedad, prevención de recaídas y manejo de la medicación (Psicoeducación)
Cognitiva (atención, concentración,…)
Autocontrol (manejo e integración de las emociones)
Integración laboral
La combinación en muchos casos de déficits en las áreas anteriores provoca que el ámbito familiar cobre especial relevancia tanto por las dificultades que surgen en él, como por las necesidades de intervención que se derivan de ellas. La familia es el contexto natural por excelencia para la mayor parte de las personas y supone el primer apoyo para quienes padecen enfermedad mental. Este es el motivo de que en la rehabilitación Psicosocial la familia tenga un lugar prioritario dentro del proceso de rehabilitación del propio usuario. Centrándose así la intervención no solo en el usuario con enfermedad mental, sino en los miembros de su familia o personas con las que convive.
Con todo ello, el enfoque de la atención Psicosocial trata de acercarse al individuo, a su situación, trata de abordar sus dificultades concretas y utilizar sus habilidades y capacidades para lograr una mayor calidad de vida.
Para hacer posible este nuevo enfoque de atención, fue necesario realizar un análisis de los profesionales que participaban de la misma. Así, tradicionalmente la atención estaba mucho más centrada en el tratamiento médico, siendo profesionales de referencia médicos psiquiatras, diplomados en enfermería, auxiliares… Actualmente, además de estos profesionales, que continúan realizando labores de atención médica y psiquiátrica, se han incorporado otros relacionados también con la atención socio-sanitaria: psicólogos, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, monitores/educadores. Si bien alguno de éstos ya participaba en los antiguos modelos de atención.La combinación de diversos profesionales y de distintas disciplinas, hace posible una complementariedad fundamental en el tratamiento Psicosocial, y un abordaje amplio, que facilita la atención integral de la persona en todas las áreas, y desde distintos enfoques.
La filosofía de la atención Psicosocial es, como ya he comentado, la de tratar de cubrir las demandas y necesidades psico-sociales de las personas atendidas. Esto se ha traducido en la creación de recursos específicos que den respuestas a las necesidades antes mencionadas. De este modo, han ido surgiendo recursos que aglutinan el trabajo en distintas áreas, con la idea de poder abarcar, las que son deficitarias y facilitar el entrenamiento y rehabilitación de las mismas. Cada persona es distinta y las necesidades y el proceso de rehabilitación también lo son. En este sentido cada una de ellas es derivada a aquellos recursos que pueden aportar el apoyo y la atención necesaria según su situación específica.
RECURSOS DE REHABILITACION PSICOSOCIAL
ATENCION AMBULATORIA
ATENCION RESIDENCIAL
CRPS Centro de Rehabilitación
MINI RESIDENCIAS
Psicosocial
CENTRO DE DIA
PISOS SUPERVISADOS
CRL Centro de Rehabilitación
PENSIONES CONCERTADAS
Laboral
SUPERVISADAS
EASC Equipos de Apoyo Socio Comunitario
Por último, pero no por ello menos importante, señalar que la rehabilitación Psicosocial no sería posible sin el funcionamiento coordinado de los distintos tipos de recursos, tanto sociales como sanitarios. Así Centros de Salud Mental, Hospitales Psiquiátricos y Generales, Médicos de Atención Primaria, Servicios Sociales de los Ayuntamientos, CRPS, Mini Residencias, CD, CRL,… trabajan diariamente codo con codo, revisando cada caso, aportando iniciativas, buscando alternativas… y todo ello con el objetivo final de lograr “restaurar la dignidad”, o lo que es lo mismo, posibilitar la integración en la comunidad de forma activa.
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