martes, 2 de septiembre de 2008

TELEVIOLENCIA

Los estudios sobre los efectos de la representación de la violencia en los medios se pueden clasificar en dos pares de interpretaciones opuestas: la teoría de los efectos inmediatos, frente a la de los efectos a largo plazo; y la teoría de los efectos catárticos, frente a la de los efectos miméticos.

La teoría de los efectos a corto plazo predominaba en los años 30 y 40. Los acontecimientos políticos internacionales de aquella época alentaron investigaciones centradas en la persuasión y la propaganda: se buscaba explicar el comportamiento del público como respuesta a los estímulos simbólicos.

En cambio, a partir de los años 70, la atención de los estudiosos se dirige hacia la capacidad de los medios de influir por acumulación de estímulos, sobre todo cuando se prolongan durante el período, particularmente delicado, de la formación de la personalidad.

Efectos acumulados

La sustitución de la teoría de los efectos a corto plazo por la teoría de los efectos acumulados favoreció el paso de la interpretación catártica a la interpretación mimética. Simplificando, al máximo, se puede decir que la teoría catártica –hoy minoritaria- sostiene que las representaciones de la violencia producen en el espectador un efecto liberador no sólo del miedo que inspiran, sino también de las mismas tendencias violentas, conscientes o no, que el espectador lleva dentro. Por el contrario, la interpretación mimética afirma que la representación de la violencia mueve a la imitación, por lo que puede estimular comportamientos violentos en los espectadores.

Los estudios posteriores a 1970 muestran con abundantes indicios que existe una correlación entre la exposición prolongada en el tiempo a los contenidos violentos de la comunicación de masas –cinematográfica y, sobre todo, televisiva- y una serie de características de la personalidad y del comportamiento que tienen que ver con la experiencia, real o supuesta, de la violencia.

Se trata de una correlación que depende, como es obvio, de un conjunto de variables relativas tanto a las características de los mensajes como a las de la audiencia. Así, la edad, el grado de instrucción, el sexo, el contexto familiar, el carácter... pueden reforzar o atenuar, en gran medida, tales efectos, cualquier determinismo está fuera de lugar.

Una influencia comprobada

Pero se trata también de una correlación comprobada por numerosas investigaciones, incluidas algunas repetidas sobre unas mismas personas a lo largo de decenios. De ellas se puede concluir que la violencia en los medios tiene en el público, a largo plazo, efectos de tres tipos:

1) El efecto mimético directo: niños y adultos expuestos a grandes dosis de espectáculos violentos pueden llegar a ser más agresivos o a desarrollar, con el tiempo, actitudes favorables al uso de la violencia como medio para resolver los conflictos.
2) El segundo es un efecto más indirecto: la insensibilización. Los espectadores, sobre todo los niños, expuestos a grandes cantidades de violencia en la pantalla, pueden hacerse menos sensibles a la violencia real del mundo que les circunda, menos sensibles al sufrimiento ajeno y más predispuestos a tolerar el aumento de violencia en la vida social.
3) El público puede sobreestimar el índice de violencia real y creer que la sociedad en la que vive se caracteriza por un elevado grado de violencia y peligrosidad. En este caso, pues, no aumentarían los comportamientos violentos sino la reacción de miedo ante ellos.

Violencia, el género fácil

Como ya se ha dicho, esos efectos dependen, en primer lugar, de las características de los mensajes. A este propósito, antes que nada es necesario subrayar las diferencias que se dan, respecto a la representación de la violencia, entre el teatro, el cine y la televisión, según los distintos contextos de producción y de recepción. Con esto en absoluto se pretende justificar o infravalorar el problema de la violencia en los espectáculos teatrales o cinematográficos, sino más bien subrayar la particular gravedad que tiene la violencia en el ámbito televisivo, por la naturaleza de este medio. Primero, porque la televisión es un medio doméstico, accesible a cualquier tipo de público, en particular el infantil. Segundo, porque la televisión -–erced a la multiplicación de canales y al uso del mando a distancia- ofrece sus mensajes en flujo fragmentario, lo que colorea la representación de la violencia con características tales, que dificultan la contextualización, la reelaboración racional, el juicio ético.

Esto mismo puede explicar la proliferación de la violencia en la pequeña pantalla, por motivos de marketing. La violencia constituye un género fácil de contar y fácil de vender en el mercado mundial, a causa de su inteligibilidad inmediata. De ahí que, según un estudio, las series televisivas de argumento criminal son el 17 por ciento de los programas que se emiten en Estados Unidos, mientras que constituyen el 46 por ciento de las producciones norteamericanas que se venden en el extranjero[1].

Mostrar el mal sin justificarlo

Hecha esta aclaración, las consideraciones sobre la violencia en los medios se pueden articular en torno a tres temas: el modo de presentarla, la estimulación de la agresividad y la imitación de conductas violentas contempladas en los espectáculos.

El primer tema está relacionado con la dimensión persuasiva de los mass media, que no depende tanto de los puros contenidos, cuanto de la forma de exponerlos. La consideración de la componente retórica de la narración sirve para responder a uno de los argumentos más empleados para justificar los contenidos violentos: el mal y la violencia están en el mundo, y un film, una novela, un servicio informativo no pueden dar una visión falsa o edulcorada de la realidad. En primer lugar, hay que decir que, cuando un relato presenta, por ejemplo, un homicidio, la reacción del lector o espectador puede ser guiada hacia la piedad por la víctima o hacia la simpatía por el homicida, o hacia la indiferencia, el sarcasmo, la ironía, la satisfacción, la complacencia, según cómo se narre el hecho.

Los grandes autores clásicos han sido maestros en una representación no edulcorada del mal presente en el mundo que, sin embargo, mantenía bien clara la línea de valoración a la que adherirse. Dostoievski, como Shakespeare, muestra la fealdad del mundo, pero dejando claro adónde se dirige su simpatía: sus criminales despiertan comprensión, pero nos hace ver por qué son criminales y por qué suscitan nuestra comprensión. No se trata de ambigüedad, sino de claridad en la complejidad. Estos autores y otros clásicos son ejemplos bastante interesantes de una representación profundamente “moral” de un mundo en el cual el mal, la violencia, la inmoralidad están claramente presentes con toda su fuerza, pero descritos de un modo que no se sirve de la violencia para atraer ambiguamente al lector o no dejar claro un orden de valores.

El contexto es decisivo

Consideraciones como éstas hacen pensar que las estadísticas sobre el número de actos violentos representados en la televisión son indicativas, pero no concluyentes. No se puede decir que una película como La diligencia (Stagecoach), de John Ford, sea especialmente violenta, aunque muestre muchos tiroteos y muertes. En cambio, una sola escena de matones urbanos, cargada de violencia y destrucción, puede ser bastante más fuerte, aunque los resultados parezcan mucho menos graves. En efecto, el contexto suele ser decisivo. Un estudio en que se pidió a los sujetos valorar moralmente las acciones de diversos personajes llevó a la siguiente conclusión: “Hemos comprobado que la moralidad de una acción depende de quién la efectúa. La bondad o maldad de la conducta moral, tal como se presenta en la televisión, depende de que la acción sea realizada por un personaje simpático y admirado o bien por un personaje antipático y que inspira desconfianza. Muchos comportamientos que normalmente serían juzgados inmorales –chantajes, homicidio, asalto, etc.- resultan aceptables cuando los hace alguien que goza del favor público”[2]. Por su parte, Albert Bandura sostiene que, en la etapa de formación, la televisión puede promover mecanismos de justificación y de irresponsabilización personal que luego llevan a justificar, con argumentos retorcidos, un cierto uso de la violencia. Esto, naturalmente, sucede con más facilidad en ámbitos socioculturales “bajos”, donde la televisión proporciona gran parte de los estímulos de maduración cultural y faltan los recursos críticos que ofrece la relación con los adultos –incluso porque la televisión está encendida durante las comidas- y con otras formas de socialización.

La responsabilidad de los medios

El segundo tema –la estimulación de la agresividad- tiene que ver con la influencia psicológica de los medios. Se trata de ver si los espectáculos violentos fomentan una tendencia genérica a la agresividad. Digamos de entrada que existe una notable cantidad de estudios que concuerdan en afirmar que así es. Al término de un estudio de seis años de duración, realizado por diversos equipos en cinco países lejanos entre sí, Huesman y Eron concluyen que “agresividad y ver escenas de violencia tienen un cierto grado de interdependencia”, y que “los niños más agresivos ven más violencia en televisión”[3].

Es una dimensión que se suma a la precedente y que no es neutralizada por ella. En otras palabras, pueden existir contenidos cuya ideología no sea violenta, pero que, por la presentación particularmente impresionante de los comportamientos violentos, puedan tener efectos psicológicos negativos, aunque las ideas que proponen no se puedan juzgar como favorables a la violencia.

Tal es el caso, por ejemplo, la película La chaqueta metálica (Full Metal Jacket), de Stanley Kubrik: aunque es contrario a la guerra, puede tener, en especial para el público emotivamente frágil, efectos negativos. Lo mismo puede decirse de Pulp Fiction de Quentin Tarantino, película que es, sin duda, irónica y metalingüística, pero que se presta con bastante facilidad a una contemplación “ingenua” que se deje “informar” por la violencia mostrada, sin que se opere la inversión irónica.

Esto conduce a una reflexión que nos parece importante: hace falta reconsiderar con mucha más atención y responsabilidad el influjo que pueden tener las películas y las series televisivas, algunas de gran éxito. Pensemos, por ejemplo, en casos como el de Raíces (Roots) o en la serie de televisión sobre el Holocausto emitida en Italia a comienzos de los años 80. Junto a un efecto, que quizás es primero, de sensibilización, se corre el riesgo de obtener un efecto secundario, significativo cuantitativa y cualitativamente, de difusión de tales comportamientos violentos, por la sugestión que la representación de la violencia tiende siempre a generar, sobre todo en los sujetos más frágiles. La misma consideración podría hacerse sobre muchas películas, telefilms y miniseries televisivas que pretenden “denunciar”, hacer “tomar conciencia” de algunos problemas sociales ligados a la violencia en algunas categorías de personas.

Los medios no son un simple espejo

Con estas consideraciones, de algún modo, ya hemos introducido el último tema, que es la verdadera y propia imitación del comportamiento desviado visto en el cine o en la televisión. Basta leer con atención los periódicos para descubrir con frecuencia delitos que toman como modelos escenas vistas en el cine o en la televisión: así lo muestran las evidentes analogías y, a menudo, las declaraciones de los propios autores. A veces parecen inspirados en la televisión; a veces, el papel de la representación televisiva parece llegar a ser el de una verdadera instigación. Pensemos en los niños ingleses que mataron a otro, o en los émulos de la película La naranja mecánica (Clockwork Orange) de Stanley Kubrik, o en los del más reciente Asesinos natos (Natural Born Killers), de Oliver Stone.

Son acciones obradas por individuos particularmente frágiles, en algún caso preadolescentes, o en cualquier caso por sujetos ya predispuestos al riesgo de graves desviaciones. Pero aunque la televisión por sí sola no baste para explicar estos delitos y sea una causa más entre otras, no se puede olvidar que entre los factores que incitan al comportamiento gravemente desviado se encuentra también el consumo de espectáculos violentos. El hecho de que también haya causas de otra índole no debe hacer olvidar que ésta –quizás sólo la última pero con frecuencia la desencadenante- es una de ellas.

La eterna duda de si –en la violencia como en otros contenidos- la sociedad imita a los medios o la televisión y el cine cuentan lo que sucede en la sociedad, es una alternativa falsa. Todo contenido violento tiende a producir imitación: cuando un programa televisivo cuenta con detalle y de manera fuertemente gráfica un comportamiento desviado, no refleja simplemente la violencia que hay en la sociedad: la multiplica y la introduce en los hogares de millones de personas. Así se inicia, pues, un círculo vicioso que va de la violencia real a su representación y, de ésta, a nueva violencia real.

Por eso, es preciso disminuir el nivel de violencia presente en los medios, sobre todo –a nuestro parecer- interviniendo sobre la modalidad de su representación: evitando que aparezca subrayada, destacada en primera página, descrita minuciosamente, encarnada en pseudohéroes, convertida en tema de inútiles pseudoencuestas y de inconscientes apologías. Y hay que tener presente que se puede hacer apología de la violencia sin gastar una palabra en su favor: basta la presentación insistente en un medio socialmente incontrolable como es la televisión para hacer así que un criminal se convierta en un héroe; un delito, en una acción admirable.

La violencia de los “reality shows”

En conclusión, a nuestro parecer se puede afirmar que los aspectos negativos de la representación de la violencia pueden ser medidos conjugando diversos factores, que tienen una cierta autonomía: su justificación ideológico-retórica, que deriva de la estructura narrativa del relato; la vivacidad de la representación, que estimula la agresividad produce miedo y angustia; su imitabilidad por parte de personas frágiles, impresionables o predispuestas a las desviaciones.

Por último, la comunicación de masas puede adoptar un carácter violento con independencia de sus contenidos y, en cierto modo, de su misma naturaleza narrativa. Es la violencia de la comunicación excesiva, aquella que anonada al interlocutor forzando los tiempos, empujando al extremo la dramatización de los tonos, pretendiendo colocarse como última y total. Pensemos en el desprecio de la intimidad ajena, la búsqueda de la primicia a toda costa, la complacencia de cierta televisión del dolor, el uso irresponsable de imágenes dramáticas en contextos lúdicos, la falta de respeto de ciertos reality shows que quisieran aventar los secretos privados de sus participantes, la crueldad de ciertas candid cameras... Son algunos ejemplos de comunicación violenta no tanto por sus contenidos cuanto por la modalidad con que se dirigen al espectador agrediéndole, bajo pretexto de informarle, de divertirle, de hacerle reflexionar: ¿golpes bajos de un aparato comunicativo a veces carente de escrúpulos

Violencia en Televisión Infantil

Autor: . | Fuente: "El Porvenir de Chile"
Creciente violencia en la televisión infantil
Pone en peligro la salud mental de los niños

Creciente violencia en la televisión infantil
Creciente violencia en la televisión infantil


"Dragon Ball Z", "Ranma", "Mortal Kombat" y "Sailor Moon", entre otras son las series que se caracterizan por su excesiva violencia y situaciones ambiguas, que han puesto en alerta a expertos en programación televisiva, y que han hecho un llamado a los canales de televisión para que disminuyan los grados de violencia de los espacios de la TV infantil, particularmente en los contenidos de la nipoanimación, donde lo bélico es el eje de sus historias.

Este llamado a la autorregulación se enmarca en la responsabilidad de la formación de las nuevas generaciones, que en la actualidad son bombardeadas con modelos que hacen de la violencia formas de vida, lo que posteriormente influye en los modelos a seguir.

El Consejo Nacional de Televisión ha tomado algunas medidas para regular esta situación pero para el equipo de psicólogos, sociólogos y pedagogos, "hoy en día no se está cumpliendo porque un dibujo animado que está hecho para niños, tendría que tener una categoría especial ´Programa infantil con violencia´ . Hay caricaturas que les provocan reacciones violentas a los niños en etapa escolar, pues ellos tienden a aplicar este mismo grado de violencia en el colegio con sus compañeros".

"Como en la televisión los dibujos que caen heridos se paran con tanta facilidad y no demuestran dolor, entonces los niños creen que si golpean no causará dolor a los otros porque están acostumbrados a ver violencia sin dolor", manifestó el especialista Juan Baeza.

Añadió que hay menores que se refugian en estos dibujos animados porque el mundo en el que ellos están insertos no les reporta felicidad. Es decir, hay un acto de evasión donde los niños quieren que su mundo sea parecido al que observan en la televisión.

Baeza se pregunta ¿qué está pasando en las casas donde, a veces, la niñera es la misma televisión?... los padres los dejan al cuidado de la televisión y después se quejan de que el niño les salió anormal, sin embargo, los padres no se dan cuenta que el niño recibe una serie de mensajes que ellos no están controlando".

Frente a este cuadro son muy elocuentes las palabras de S.S. Juan Pablo II a los comunicadores sociales: "Formar los hábitos de visión de los niños significará, algunas veces, simplemente apagar el televisor; porque hay cosas mejores que hacer, porque la consideración por otros miembros de la familia lo exige, o porque la visión indiscriminada de la televisión puede ser dañina. Los padres que hacen uso regular y prolongado de la televisión como una especie de ´niñera electrónica´ abdican de su papel de educadores primeros de sus hijos. Tal dependencia de la televisión puede privar a los miembros de la familia de oportunidades de relacionarse recíprocamente por medio de la conversación, actividades compartidas y de la oración en común. Los padres prudentes también son conscientes de que inclusive los buenos programas podrían ser suplidos por otras fuentes de noticias, entretenimiento, educación y cultura" (L´Osservatore Romano, 24/1/94).

Entre los trabajos sobre la materia, se destaca el libro"Teleadicción: una amenaza acecha nuestros hijos" donde se analiza en base a estudios chilenos e internacionales, tanto las dificultades como las soluciones para esta problemática de la influencia de la televisión en las generaciones más vulnerables.

Relación nietos-abuelos

Cuidar a los nietos con placer mejora la salud de los abuelos
Lo afirma un estudio realizado en más de 12.000 personas de entre 50 y 80 años. Se observó que los hombres a cargo del cuidado de sus nietos se mueven más y que las mujeres refuerzan su autoestima.
Pilar Ferreyra01.07.2007 | Clarin.com
Doña Delia tiene 82 años y 18 nietos pero todavía recuerda con cariño anécdotas vividas con su abuelo paterno. El que todos los veranos alquilaba un taxi para adelantar un día las vacaciones de sus cuatro amadísimos nietos impecablemente vestidos en linón de hilo, puntillas y zapatos blancos para corretear entre los espinillos cordobeses. Apenas arrancaba el auto promovía la libertad: "Sáquense los zapatos y asomen los pies por las ventanas".
Para muchos abuelos, la llegada de los nietos es un aporte de vitalidad, alegría y dinamismo. Como dirían los especialistas, un estímulo cognitivo, psíquico y emocional. Así lo prueba el estudio estadounidense Todo en familia: El impacto de cuidar a los nietos para la salud de los abuelos de reciente publicación. La investigación tomó a 12.872 personas de entre 50 y 80 años para saber cómo influye el cuidado de los nietos en su salud.
"En las auto evaluaciones, las abuelas respondieron que su salud mejora cuando ejercen esas tareas y los abuelos señalaron que cuando están con sus nietos hacen más ejercicio, se mueven más", le contó a Clarín la socióloga Linda Waite, directora del Centro de Envejecimiento de la Universidad de Chicago y una de las autoras del estudio.
Aquí no hay un estudio cuantitativo que explique los beneficios de esta relación, pero los especialistas coinciden en que si los abuelos tienen buena salud física y mental, deciden ese cuidado con libertad (no por obligación) y disponen de tiempo para hacerlo, la experiencia es positiva.
"Todo depende de las posibilidades económicas e intelectuales y de la salud física y psicológica. Ningún abuelo con deterioro cognitivo puede hacerse cargo si requiere ayuda para su propio cuidado", enfatiza la socióloga Liliana Gastrón, directora del doctorado en Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Nacional de Luján. (Ver No más...).
Una de las quejas más frecuentes de los mayores es el vacío que sienten cuando se jubilan y los hijos se van de casa. "Debido a esa pérdida de roles (que les produce una sensación de inutilidad e infelicidad), conviene que se mantengan ocupadas y que sustituyan las tareas que ya no pueden hacer", indicó la psicóloga Nélida Rodríguez Feijoó, investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Psicología Matemática y Experimental (CIIPME), del Conicet.
Para la psicóloga y presidenta de la Asociación Interdisciplinaria en Gerontología, Mercedes Labiano, la salud de las abuelas mejora cuando cuidan de sus nietos siempre y cuando eso les guste y no lo vivan como una carga. "Eso puede ocurrir si se les exige demasiado tiempo o si deben dejar otras actividades".
En el mismo sentido, la psicóloga Emma Marazza, docente e investigadora de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Tucumán advierte que en la medida en que los abuelos no convivan bajo el mismo techo, la relación con los chicos les aporta beneficios. "Cada uno -abuelo y abuela-, tiene actividades y placeres diversos según los roles asignados por la cultura: la abuela se hace cargo de lo maternal (cocina, ropa, higiene) y el abuelo suele encargarse de los paseos, compras, deportes. Pero no hay divisiones estrictas por género, sobre todo considerando que ahora los dos tienen actividades laborales y comparten las domésticas".
Apelando al sentido común, los expertos manifiestan que la edad no es un parámetro rígido. Puede darse que un abuelo de 70 años se sienta mejor física, psíquica y espiritualmente que otro de 50. Las personas envejecen de muy distinta manera. No obstante, el investigador en psicogerontología de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Enrique Lombardo, observa que "con la pérdida de agilidad aumenta el riesgo de sufrir accidentes" y que no sólo se deben tomar en cuenta las posibles limitaciones físicas sino también aspectos anímicos y motivacionales. "El primer criterio que tendrían que seguir los padres es no transformar el rol de abuela en el de niñera. La abuela puede ser lo que llamamos un cuidador informal pero no uno formal. Esto, incluso, debiera ser tomado en cuenta por las abuelas", concluye.
Yo les doy libertad, los padres ponen límites"
Beatriz Suárez, con Santiago y Mateo
"Yo creo que cuidar a mis nietos debe influir en mi vitalidad. A veces no puedo creer la actividad física que hago para la edad que tengo. Pero a mí me gusta cuando jugamos en el piso. Cuando gateamos los tres. Ellos corren atrás mío, yo corro atrás de ellos". Beatriz Suárez (56) parece estar jugando con Santiago (4) y Mateo (1) -sus dos nietos- cuando narra qué es lo que más le gusta hacer con ellos. Los tres rubios, los tres de ojos claros. Santiago: un conversador único.
-"¡Dale, Santiago, dale un juguete a Mateo", pide la abuela.
-"¡Este!.... ¡¡Este no porque lo aplasta así!! (cierra su mano tamaño minúsculo). ¡No, éste no Mateo porque me lo rompés!", dice Santi que parece salido de un cuento infantil moderno. De esos de Emma Wolf o Graciela Montes. No le falta nada. Tiene chispa, onda, palabras y además, la hace reír mucho a la abuela.
"Una mamá es diferente que una abuela. No le dedicás todo el tiempo como los padres, ni tenés que castigarlos y ponerles límites. Una abuela da libertad y los padres están para poner límites. Claro que si estás muchas horas con ellos las limitaciones llegan solas", dice Beatriz.
Beatriz y su esposo, Ricardo (56), no viven con Ricardo (28) y Celeste (27), los padres de los nenes. Pero todos los lunes, miércoles y jueves ella retira a Mateo del jardín maternal al mediodía. Y poco antes de las seis, a Santiago. Los tres se van a lo de los abuelos a jugar hasta que la luna motea el cielo. "Estar con mis nietos me reconforta el espíritu. A veces me canso pero no dejaría de hacerlo por nada en el mundo", dice Beatriz."El día en que no los veo, los extraño"
Antonio Lattanzio, con Juan Cruz y Lisandro
"Lo que me pasa con mis nietos es indescriptible. El día en que no los veo los extraño". De este modo caracteriza Antonio (Tony) Lattanzio (52) la forma en que sus nietos le llegan al corazón: ¡de un flechazo!
Vive en Hurlingham con Patricia Moya (49), con quien se casó hace treinta años. Religiosamente, todos los martes y miércoles a las 12.30 pasan a buscar a Juan Cruz Gusso (6) y Lisandro (2), sus dos nietos, a la salida de la escuela. "En el auto vamos cantando alguna canción futbolera porque el más grande es un loco de la pelota", dice.
¿Qué rol debieran cumplir los abuelos? "Los abuelos están para mimar a los nietos, malcriarlos y consentirlos. No sabía que ser abuelo era algo tan especial. Yo me tiro al suelo, juego con ellos a la pelota, corremos, andamos en bicicleta. Lo llevo a Juan Cruz a la plaza. No me lleva él a mí, ¿se entiende?", así grafica la juventud que le devuelve el milagroso encuentro.Pero no les pidan que cabeceenEliana Galarzaegalarza@clarin.com
Como en cualquier rol que se ejerce en la vida, lo bueno es asumirlo sin presiones. Si de hijo fastidiaban las exigencias, y de padre asustaban las responsabilidades, por qué de abuelo no existirían puntos de conflicto. ¿Dónde está escrito que todos los abuelos tienen que morirse de ganas por cuidar a sus nietos? Cuando lo quieren hacer es bueno para ellos y para los nenes. Pero si no pueden, mejor dejarlos tranquilos.Proyecto Abuela
"La inclusión de las abuelas puede ayudar al éxito de programas de nutrición, salud y desarrollo comunitario", dice un documento de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, según su sigla en inglés). Con la ayuda de la ONG Proyecto Abuela, intenta cumplir con ese objetivo.
http://www.clarin.com/diario/2007/07/01/sociedad/s-04415.htm

Tercera edad

En todo el mundo, la proporción de personas mayores crece más rápidamente que cualquier otro grupo de edad. La esperanza de vida aumenta, llegando actualmente en nuestro país a los 80 años más o menos, lo que significa el envejecimiento global de la población española.
Para un envejecimiento positivo, la sociedad debe proporcionar a los mayores oportunidades para ser independientes, para gozar de buena salud y para ser productivos.
©PhotoDisc
El envejecimiento de la sociedad puede considerarse por un lado un avance y por otro, un gran desafío, pues supone una mayor exigencia social y económica. De todas maneras, lo más importante, el verdadero reto del aumento de la esperanza de vida es la calidad de vida de los mayores, que les va a permitir mantener la actividad y la independencia: cómo vivir los años “extra” y cómo disfrutarlos.La mayoría de las personas se adapta a los cambios que conlleva el envejecimiento y siguen siendo independientes incluso ya muy mayores. Hasta un 80% de las personas con 70 años mantiene una forma física y mental aceptables que les permite llevar su vida diaria con plena normalidad.A pesar de ello, la sociedad en general sigue relacionando la vejez y los mayores con la enfermedad, la dependencia y la falta de productividad, en muchas ocasiones haciendo caso omiso de su experiencia y su sabiduría.
¿Qué es el envejecimiento activo?La mejor definición es la adoptada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que define el “envejecimiento activo” como “el proceso por el que se optimizan las oportunidades de bienestar físico, social y mental durante toda la vida, con el objetivo de ampliar la esperanza de vida saludable, la productividad y la calidad de vida en la vejez”. Esta definición no sólo contempla el envejecimiento desde la atención sanitaria, sino que incorpora todos los factores de las áreas social, económica y cultural que afectan al envejecimiento de las personas.El envejecimiento activo debe considerarse un objetivo primordial tanto por la sociedad como por los responsables políticos, intentando mejorar la autonomía, la salud y la productividad de los mayores.La sociedad debe apoyar una “cultura del envejecimiento activo y saludable” que permita que los mayores:
Sufran menos por las discapacidades relacionadas con las enfermedades crónicas.
Necesiten una atención sanitaria y social menor.
No padezcan situaciones de soledad, manteniendo su independencia y una buena calidad de vida.
Sigan participando en el ámbito económico, social, cultural y político, tanto a través de trabajos remunerados como de colaboraciones sin remunerar.Este apoyo debe proporcionarse en las áreas de sanidad, economía, trabajo, educación, justicia, vivienda y transporte.
¿Qué actividades realizan los mayores?Las encuestas realizadas para conocer a qué dedican el tiempo los mayores indican que, además del tiempo dedicado a dormir y al cuidado de la salud, unas 12 horas diarias, cerca del 97% ve la televisión, un 71% escucha la radio y no llega al 10% los que se dedican a leer con frecuencia (en esta cifra puede incidir el nivel cultural y los problemas visuales de muchas personas mayores).El 70% suele pasear e ir a comprar, hasta un 43% realiza alguna actividad turística después de la jubilación y entre un 20% y un 30% aproximadamente, participa en alguna asociación, en actividades culturales, asiste a cursos de manualidades o hace deporte. Pero lo que hay que destacar es que el porcentaje de mayores que querrían realizar estas actividades, sobre todo ejercicio físico, ir a pasear o de compras, acudir a sociedades recreativas o leer el periódico, es aún mayor. Incluso hasta un 40% está interesado en mantener una actividad laboral o transmitir sus conocimientos a personas más jóvenes.
Factores clave para el envejecimiento activo: qué debería hacer la sociedad por y para los mayoresPara lograr una “cultura del envejecimiento activo” es necesaria la interacción de factores tanto de índole sanitario, económico, del entorno físico, personales, conductuales e incluso sociales.Para el fomento del envejecimiento activo, los sistemas sanitarios y sociales públicos y privados deberían colaborar en la promoción de la salud y la prevención de las enfermedades, estableciendo programas de educación nutricional y de salud bucal y programas de ejercicio para el mantenimiento o recuperación de la movilidad y fuerza.Estos programas permitirían evitar o reducir las discapacidades físicas y mentales en la vejez y alcanzar así el equilibrio entre el autocuidado de los mayores, el apoyo de los cuidadores "informales" y los cuidados profesionales. Hay que Indicar que a los cuidadores "informales", en su mayoría mujeres, se les debería prestar una atención especial, por el riesgo elevado de que caigan enfermos apoyándoles con formación, asistencia temporal y/o ayudas económicas.Dentro de los factores económicos inciden los ingresos, el trabajo y la protección social:
IngresosRespecto a los ingresos, las personas que más preocupan son aquellas que viven solas, sin hijos ni familiares, pues el riesgo de llegar a la indigencia es mayor.Asimismo, hay que prestar especial atención a los mayores que viven en el medio rural ya que de entrada sufren un mayor aislamiento que los que viven en un medio urbano.
Terreno laboralEn el terreno laboral, es necesario apoyar la contribución activa y productiva de los mayores, tanto en trabajos remunerados como sin remunerar (el hogar, el cuidado de niños o de otros mayores) y en labores de voluntariado (en colegios, comunidades, organizaciones públicas, museos y empresas, privadas).Estas actividades mantienen y aumentan sus contactos sociales y su bienestar mental, a la vez que hacen que se sientan reconfortados por su contribución a la sociedad. También se puede apoyar este área con programas de jubilaciones graduales o parciales.
Protección socialRespecto a la protección social, la familia sigue siendo el principal apoyo de los mayores. De todas formas, debido al cambio actual en la estructura familiar por la disminución del número de miembros y por la incorporación de la mujer al mundo laboral, es necesaria una mayor protección pública para evitar la soledad y la mayor vulnerabilidad.
El medio físicoQue el medio físico tenga en cuenta a los mayores puede ser determinante en el hecho de que dichas personas sean dependientes o independientes. Por ejemplo, es más probable que una persona mayor sea física y socialmente activa si puede ir a pasear con seguridad en parques bien iluminados y acceder al transporte local con facilidad.Las personas mayores que viven en zonas inseguras o contaminadas salen menos de casa y, por tanto, son más propensas al aislamiento y a la depresión, así como a que su estado físico sea peor y tener más problemas de movilidad.Respecto a las viviendas, una vivienda segura y adecuada es especialmente importante para el bienestar de los mayores. Se podría potenciar el desarrollo de fórmulas alternativas de vivienda, como viviendas compartidas o tuteladas que favorezcan el desarrollo individual y social, evitando a la vez el aislamiento.
La biología, la genética y la capacidad de adaptaciónLa biología, la genética y la capacidad de adaptación son tres factores fundamentales que determinan cómo envejece una persona.Los cambios que acompañan al envejecimiento progresan gradualmente y las diferencias individuales son significativas. Por ejemplo, el rendimiento físico de una persona de 70 años de edad que se mantiene en forma puede ser similar al de una persona de 30 años que no se mantiene en forma.Durante el proceso de envejecimiento capacidades intelectuales como el tiempo de reacción, la velocidad de aprendizaje y la memoria, disminuyen de forma natural. Sin embargo, esto puede compensarse con un incremento de la sabiduría, de los conocimientos y de la experiencia. Es más frecuente que la falta de actividad práctica, la falta de motivación y de confianza, el aislamiento y la depresión, sean causa de la disminución del rendimiento cognitivo que el envejecimiento en sí mismo.La influencia de los factores genéticos sobre el desarrollo de enfermedades crónicas como la cardiopatía, enfermedad de Alzheimer y ciertos cánceres varía considerablemente de persona a persona. En general, no padecer enfermedades ni discapacidades en la vejez depende por igual, de la herencia, de la conducta personal, de la adaptación a la vida cotidiana y del entorno físico, social y económico. Las personas mayores que se adaptan bien tienden a tener un autocontrol y una actitud positiva y están convencidos de alcanzar sus metas.
Factores conductualesSobre los factores conductuales, uno de los mitos sobre el envejecimiento gira sobre la idea de que adoptar un estilo de vida saludable en la vejez es demasiado tarde, pero no es así. Realizar una actividad física adecuada evitando la vida sedentaria, llevar una alimentación sana, no fumar, el consumo prudente de alcohol y el uso correcto de los medicamentos en la vejez, pueden evitar enfermedades y el declive funcional, pueden fomentar las relaciones sociales, prolongan la longevidad y mejoran la calidad de vida.
Factores del entorno socialRespecto a los factores del entorno social, hay que señalar que el apoyo social de familiares, amigos, vecinos o voluntariado, las oportunidades para la educación y el aprendizaje durante toda la vida (y especialmente en la actualidad, en el área de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación) y la protección frente al abuso tanto físico, sexual, psicológico y económico, son fundamentales para mejorar la salud, la independencia y la productividad en la vejez. Evitar la soledad, el aislamiento social, el analfabetismo y la falta de educación y el abuso disminuye enormemente los riesgos de discapacidad y muerte prematura en las personas mayores.
ConclusionesLos mayores son más vulnerables que el resto de la población, debido a la edad, a las enfermedades crónicas ya las discapacidades que sufren. Por lo tanto, el reto que se debe plantear nuestra sociedad es mantener una vejez activa y saludable en la medida de lo posible y, sobre todo, una calidad de vida aceptable.Para desarrollar un envejecimiento positivo, la sociedad debe proporcionar a los mayores oportunidades para que puedan ser independientes, para que gocen de buena salud y para que sean productivos. Asimismo es importante que disfruten de una mayor seguridad y comodidad, fomentando el bienestar y creando entornos ambientales más propicios y favorables. Hay que pensar más en capacitar que en discapacitar, considerando a los mayores como participantes y contribuyentes activos de la sociedad.Es importante detectar lo antes posible la pérdida de autonomía y establecer las medidas necesarias para que las personas mayores mantengan la mayor independencia posible, incluso recurriendo a programas de telemedicina y teleasistencia.Como razones de peso para fomentar el envejecimiento activo nos encontramos con un menor coste de los servicios sociosanitarios y médicos, una mejora de la interacción social y mejor salud física, mental y psicológica.Asimismo, una de las medidas que se deben llevar a cabo es la aproximación de los medios de comunicación a los mayores, que proporcione a la sociedad una imagen positiva del envejecimiento activo y saludable y que divulgue y popularice el término “envejecimiento activo” a través de debates políticos, en foros públicos y en los mismos medios de comunicación. Además se debería fomentar la investigación en este campo, implicando a las personas mayores en calidad tanto de asesores como de investigadores.Dr. Sergio García Vicente , especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.