jueves, 31 de julio de 2008

Tangoterapia



por: Bertha Sola
Fuente: esmas.com

La tangoterapia ha demostrado que mejora la capacidad aeróbica y la coordinación, lo que lo hace muy útil en el tratamiento de algunos padecimientos cardiacos o en enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson
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Si te gusta bailar y eres admirador(a) del sensual tango, tienes que saber que se ha demostrado que bailarlo tiene grandes beneficios para la salud, ya que mejora la capacidad aeróbica y la coordinación, lo que lo hace muy útil como terapia en algunos padecimientos.
Quienes frecuentan las milongas manifiestan que además de mucho bienestar, el ritmo del tango les ayuda a mejorar muchas de sus dolencias, y es por este motivo que algunos salones de baile en Argentina se han convertido no solamente en centros de diversión, sino también en lugares de terapia de enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer.
Según un estudio realizado por la Universidad de Washington en Estados Unidos, bailar tango mejora el equilibrio más que otro tipo de actividad física, y es que para lograr hacer los maravillosos pasos, por supuesto se requiere de mucho equilibrio y coordinación. En este estudio los pacientes de Parkinson, se dividieron en dos grupos, uno realizó una serie de ejercicios de movimiento con sillas y el otro bailó tango, y se descubrió que si bien ambos son útiles, los bailadores del compás "dos por cuatro", aumentaron más su equilibrio.
El médico argentino Roberto Peidro, pionero en la investigación sobre las aplicaciones terapéuticas del tango, resaltó que el ritmo del tango requiere una mayor atención a la coordinación, por lo que puede traer enormes beneficios a enfermos de Parkinson. Principio del formulario.
Respecto a las personas que padecen Alzheimer, se ha demostrado que por ser una actividad de coordinación, obliga al paciente a ejercitar su memoria para recordar los pasos.
El también director del Centro de Vida de la argentina Fundación Favaloro, dirigió el primer estudio sobre "tango y salud con personas sedentarias y con dolencias cardiacas", en el que se concluyó que bailar una media hora diaria repercute directamente en el aumento de la capacidad aeróbica.
Según explicó, esta es una característica que también tienen otras actividades físicas como caminar, pero el componente de coordinación que exige el tango aumenta sus beneficios, sobre todo en personas sedentarias.
Peidro matizó que el tango "no es mejor que cualquier otra actividad física" , pero sí que otros ejercicios y otros bailes menos tradicionales, que no potencian la coordinación.
Y es que al bailar otros ritmos por lo general se puede hacer cualquier movimiento, pero en el tango hay que estar pensando el paso que hay que dar.
La mejora de la capacidad aeróbica, además puede repercutir en el incremento de la actividad sexual y por lo tanto en la calidad de vida, sobre todo en enfermos cardiacos.
Pero el tango no sólo es bueno para el cuerpo, sino también para la mente.
El médico psiquiatra Federico Trossero, autor del libro Tangoterapia, sugiere y utiliza los talleres de tango en tratamientos de enfermedades que van desde la depresión, hasta las fobias sociales e incluso la esquizofrenia.
"Observando la manera de bailar, de abrazar al otro y la actitud hacia la pareja, los profesionales obtienen datos que les ayudan a interpretar mejor la psique de sus pacientes, aseguró.
Trossero destaca que "el tango por sí sólo ya es terapéutico" ya que él comenzó a investigar sobre su aplicación clínica cuando notó que sus amigos que lo bailaban comentaban que se sentían mucho mejor después de ir a la milonga, donde incluso desaparecían persistentes dolores de cabeza.
La aplicación del tango en los tratamientos vive su auge precisamente después de la publicación del trabajo de la Fundación Favaloro, que ha interesado a profesionales de Canadá, Japón, Rusia o Finlandia.
Si bien el tango no es la panacea, Peidro concretó que es "mejor bailar tango y caminar" y si no, trata de dejarte llevar por uno de los tangos de Carlos Gardel, que además de alegrar el corazón, despiertan la mente y los sentimientos.

La ansiedad -enemiga del hombre moderno-

Podemos considerar que la ansiedad es el gran enemigo del hombre moderno y esto debemos admitir que es parcialmente cierto. La ansiedad es como el dolor, preferimos no tener que experimentarlo, pero como este, sirve para prevenirnos de situaciones peligrosas. Cierta cantidad moderada de ansiedad nos motiva a planear para el futuro y también a mejorar nuestra capacidad para enfrentar situaciones de tensión cuando estas ocurren. Por ejemplo, una persona en estado de temor incrementa en gran medida su fortaleza física, otras personas son más efectivas en sus actividades cuando funcionan bajo cierto grado de tensión. La ansiedad resulta problemática solamente cuando se vuelve excesiva y debemos aprender a manejarla de la forma más efectiva posible.
La ansiedad es como la sal y la pimienta, sirve de forma moderada, pero de lo contrario el sabor de la comida no es muy agradable. Una vida sin emociones, incluyendo la ansiedad, sería bastante monótona, sin embargo las experiencias emocionales intensas suelen debilitar a la persona.
A veces podemos administrarnos pequeñas dosis de ansiedad para sentirnos exaltados, porque necesitamos cierto estímulo en nuestra vida. Un ejemplo de esto lo vemos al pasar por la experiencia de montar los aparatos de un parque de diversiones o cuando practicamos un deporte excitante. También lo notamos cuando la persona se aventura a correr algún riesgo o a aceptar algún desafío en la vida. Por lo general siempre que aceptamos, ya sea por diversión o por superación, el correr algún riesgo. Tratamos de que dicha situación esté dentro de nuestra capacidad de control pues de lo contrario serían desagradables y destructivas las consecuencias que experimentaríamos.
La ansiedad excesiva nos derrota y crea inhibiciones. Todos hemos experimentado la sensación de sentirnos paralizados por el miedo al tener que hablar ante un grupo de personas o realizar una actividad ante los ojos espectadores de los demás. En este caso nos hemos paralizado, nos hemos creado inhibiciones. Debido a que la ansiedad constituye una realidad inevitable en nuestras vidas, tenemos que hacer algo más que simplemente aprender a vivir con ella. Tenemos que aprender a transformarla en energía positiva que trabaje a favor nuestro en lugar de en nuestra contra.

La ansiedad

Como la ansiedad es un término muy amplio, será conveniente definir ciertos conceptos que nos ayuden a comprender esta área tan importante de la experiencia humana. Todos los seres humanos tenemos problemas, dificultades, todos tenemos algún complejo, alguna debilidad sicológica, algún área donde no somos tan efectivos. Con esto estamos planteando una realidad y no una visión pesimista de la existencia humana.
Los psicólogos tienden a diferir en el uso de términos y conceptos, dependiendo de sus teorías en cuanto a la personalidad y sus sistemas de psicoterapia. Lo mismo sucede en el caso de la ansiedad. La definición va a depender en mucho de la escuela psicológica con que estemos tratando.
Aunque no existe una definición específica para el concepto de ansiedad, podemos definirla como una reacción ante una circunstancia en la cual creemos que corremos peligro o estamos amenazados en cierta forma. Puede que pensemos que nuestra seguridad física está en peligro, o que nuestro éxito en el trabajo se ve amenazado, o puede que nuestro nivel de estima personal se encuentre debilitado, o que estemos preocupados por lo que pueda acontecerle a una persona amada.
Cuando se dice: Fulano está nervioso, casi siempre se está dando un sinónimo de ansiedad. Las personas utilizan la palabra nervioso para definir depresión o ansiedad. La tensión se traduce en ansiedad debido a una situación específica en la cual estamos involucrados. El temor se puede catalogar como un intenso estado de ansiedad como reacción a una amenaza específica.
Hay otro tipo de ansiedad que se conoce como fobia. Una fobia es un gran temor que paraliza literalmente a la persona y que se relaciona siempre con un objeto o situación determinada. Todos los seres humanos tenemos algún tipo de fobia, ya sea a viajar en avión, las serpientes, la sangre, etc. Se le dan nombres específicos a los diferentes tipos de fobia. Por ejemplo: claustrofobia (miedo a los lugares cerrados), acrofobia (miedo a las alturas), hidrofobia (miedo al agua) y así sucesivamente. Hay una lista interminable de los distintos tipos de fobia.
Existe otro tipo de ansiedad conocido como inconsciente, la cual hace referencia a una condición creada por algo desconocido. A esto se le llama ansiedad flotante del inglés `free floating anxiety´. Es un término que puede significar muchas cosas y por lo general describe una situación de intensa ansiedad la cual puede atacar inesperadamente al individuo cuando este menos lo espera. La persona de pronto comienza a sentirse bajo mucha tensión o estrés, pero no puede conectar una situación o evento específico a tal condición. Para experimentar la ansiedad flotante aparentemente no es necesaria una condición que desencadene dicho estado.
Otra clase de ansiedad es conocida como pánico y esta es una sensación en la cual la ansiedad se ha vuelto tan grande que la persona pierde el control total de sí mismo y de la situación. Muchas personas con desajustes emocionales parecen vivir en un estado constante de pánico. Con esas personas se requiere mucha paciencia y deseo de orientarle mediante lo cual es posible alcanzar grandes avances.

Los síntomas de la ansiedad

1. Los síntomas de la ansiedad
Ansiedad es un término muy generalizado y amplio que agrupa una extensa gama de síntomas diferentes en la persona. Con frecuencia se presentan problemas en cuanto a definir de forma apropiada el concepto de ansiedad. Una persona nos dice que se siente ansiosa y su opinión estará basada en un sentimiento subjetivo que nos está manifestando. Es algo que siente y lo está definiendo según lo siente. Tal vez su comportamiento externo refleje tal condición.
Si continuamos indagando encontraremos que dicha persona está llena de preocupaciones, temores e ideas que le atormentan de forma continua y a la vez está experimentando algunos síntomas físicos asociados con la condición de ansiedad emocional. Es por eso que decimos que la condición es subjetiva, que se experimenta, pero con frecuencia se manifiesta también en el comportamiento externo de la persona.
Los síntomas pueden ser tensión muscular, náuseas, cuello rígido, el corazón latiendo rápidamente, problemas respiratorios, dolores físicos en diferentes partes del cuerpo, la boca seca, calenturas, escalofríos, sudores fríos especialmente en las manos, el orinar excesivo, problemas estomacales, falta o exceso de apetito, problemas con el dormir ya sea poco o mucho sueño.
Una situación o caso típico de ansiedad se da por ejemplo en un estudiante, que a pesar de haberse preparado para el examen, se bloquea totalmente cuando tiene el papel frente a él. En el momento que termina el examen y se va, la tensión se ha ido de él y se da cuenta de que se recuerda de todo, de que efectivamente en su preconsciente estaba el recuerdo de todo lo que había estudiado. En este caso lo más aconsejable sería dejar de concentrarse en el examen, tomar un par de respiraciones profundas, relajarse o salir a tomar agua, a caminar por un par de minutos si esto fuera posible.
Si una persona muestra algunos de los síntomas que hemos mencionado, podríamos decir que es una persona ansiosa. Como este simple ejemplo del estudiante, la misma aplicación puede servir para otras circunstancias de la vida. Tal vez el salirnos del problema en que estamos concentrados sea lo que más nos ayude, pero no siempre tenemos la capacidad de hacer esto.
La ansiedad es una condición que puede experimentarse prácticamente en cualquier situación o lugar y es algo que todos de forma relativa padecemos. La ansiedad excesiva es considerada uno de los síntomas principales de la neurosis. Algunos clínicos han especulado que la conducta humana tiende a la conducta neurótica. Este concepto tiene su origen en la idea de que el hombre vive acorralado por las presiones de su medio ambiente y experimenta por lo tanto un continuo estado de ansiedad. Sin ser tan pesimistas en cuanto a la realidad de la conducta humana, podríamos afirmar que todos tenemos algún que otro rasgo neurótico en nuestra forma de ser.