Libérese de la Tele y Sea Más Saludable
Reducir el tiempo con la tele es tan fácil como 1, 2, 3
Sugerencias para arreglárselas sin la tele
Apague la tele
Actividades sin Pantalla
La obesidad en la niñez se ha convertido en una epidemia en los EEUU, de acuerdo al Centro Nacional para las Estadísticas de Salud en el 2000. La obesidad da lugar a otras enfermedades incluyendo diabetes, enfermedades del corazón, alta presión y artritis.
El apagar la televisión es un buen método para mejorar su salud y la de su familia. Reduciendo la cantidad de tiempo que pasan viendo televisión puede ayudarles a hacer más ejercicio y a comer mas saludablemente.
Reducir el tiempo con la tele es tan fácil como 1, 2, 3
Comprométase a hacerlo. Siéntese y hable con su familia acerca de reducir el tiempo que pasan viendo televisión.
Planifique. Juntos identifiquen los ratos que usted y su familia pasan viendo la tele. Pídales que piensen en qué actividades pueden involucrarse durante los ratos que normalmente ven televisión.
Lleve a cabo su plan.
Sugerencias para arreglárselas sin la tele incluyen:
Sea paciente. No permita que el aburrimiento le preocupe. Sus niños encontrarán algo que hacer.
Mande los niños a que jueguen afuera.
Haga una lista de todas las cosas que le divierten además de ver televisión y póngala donde la vea fácilmente.
Tome fotos de sus niños cuando están envueltos en actividades creativas y manténgalos en un sitio visible.
Cree sus propias experiencias, no viva su vida a través de las vidas de las estrellas en las telenovelas.
Comparta sus ideas acerca de lo que está pensando hacer con sus amigos. Puede que encuentre mas apoyo de lo que creía.
Abajo le damos unos consejos de cómo reducir el tiempo que pasa viendo televisión e ideas de actividades en que usted y sus niños pueden involucrarse en lugar de ver televisión.
Apague la tele y:
Manténgala apagada durante las comidas.
En familia hagan ejercicio como caminar y correr en bicicleta.
Designe ciertos días de la semana como días "Libres de Tele."
Remueva la televisión que tiene en los dormitorios.
Esconda el control remoto.
Actividades sin Pantalla
Juegue un juego.
Siembre un jardín.
Camine, converse, nade o ande en bicicleta.
Cocine una comida saludable con su familia y amigos.
Trepe un árbol.
Juegue al esconder.
Lea un libro.
Vaya de excursión al parque o al museo.
Cree proyectos de arte simples que toda la familia disfrute.
martes, 18 de diciembre de 2007
La television y la familia

Televisión vs familia
Una democracia no puede existir si no se somete a control la televisión que se ha convertido en un poder político colosal.
Jaime Septién
Fundación México Unido.- A lo largo de los años, he ido colectando, aquí y allá, opiniones de especialistas y grandes personajes de la cultura desde la segunda mitad del siglo XX para acá, sobre el tema de la televisión y su influencia en el tránsito cotidiano de la familia, y cómo la presencia de la televisión la ha ido cambiando, hasta convertirla en una cosa más o menos amorfa, amoldada, eso sí, a multitud de intereses económicos y comerciales de los que apenas si tenemos conciencia.
La familia es, a la vez, reflejo y receptáculo de las tensiones sociales, de los cambios que sufre el sistema social en su conjunto. De ahí que la primera cita que quiero compartir con los lectores de esta colaboración sea la del famoso filósofo inglés Karl Popper, quien abogaba –ante todo- por una regulación democrática de la televisión pues, de lo contrario, la democracia estaría en peligro:
COMO SI FUERA DIOS
Una democracia no puede existir si no se somete a control la televisión que se ha convertido en un poder político colosal, potencialmente se podría decir el más importante de todos, como si fuera Dios mismo quien hablara.
La segunda cita tiene que ver con el tema de la expansión de la violencia entre los jóvenes de hoy (adultos mañana) y de dónde procede. El autor es Steve Allen, un productor muy importante de programas de televisión en Estados Unidos, que alcanzó a darse cuenta de que la televisión era, en su país y en el nuestro, una máquina de enseñar a matar:
LOS QUE DECIDEN POR NOSOTROS
La mayoría de las personas no quieren educar a sus hijos en la promiscuidad o la violencia extrema. Son los medios, con la complacencia de los anunciantes y la pasividad de los padres, quienes han decidido que eso es lo que la cultura necesita
La siguiente reflexión pertenece a Giovanni Sartori, autor de Homo videns, el libro más demoledor que circula actualmente en librerías, sobre la relación entre televisión y poder, además de que hace muy clara la idea de que estamos entrando en una fase de empobrecimiento cultural característico de las sociedades famélicas, donde se privilegia el tener sobre el ser y, por encima de todo, el placer:
LA DROGA DURA
La facilidad de la era digital representa la facilidad de la droga.
Finalmente, la característica agudeza del Papa Juan Pablo II, indica cuál es el camino de salida para una familia que desea defender su libertad y que se manifiesta contraria a ser tratada como simple sujeto de consumo. En los padres de familia está la alternativa de sacarle jugo al televisor, de usarlo para conveniencia de la formación intelectual y moral de los hijos, a condición de saber ejercer esa libertad y discernir qué es bueno y qué no lo es, en una programación que se presenta siempre bajo el letrero de “entretenimiento”:
APAGAR LA TELE
Formar los hábitos de los hijos puede a veces querer decir simplemente apagar el televisor, porque tenemos mejores cosas que hacer, o porque la consideración a los demás miembros de la familia así lo reclama, o porque la visión indiscriminada de televisión puede ser perjudicial.
Relacion Abuelos, padres y nietos

ABUELOS, PADRES, NIETOS: CÓMO EVITAR LOS CONFLICTOS
A menudo surgen diferencias entre padres y abuelos por la educación de los nietos. Los primeros no siempre están de acuerdo en cómo tratan los abuelos a sus hijos y éstos no aprueban la forma en que sus hijos educan a sus nietos. Fernando Corominas, Presidente de la Asociación Internacional de la Familia -y abuelo experto- nos da algunas claves para evitar o solucionar estos conflictos.
¿Cuáles son los principales conflictos que se plantean entre padres e hijos por la educación de los nietos?
Cuando los abuelos pretenden ejercer de padres en vez de abuelos, saltando por encima de los padres. O cuando los hijos abusan de los abuelos y los cargan excesivamente con la responsabilidad de ocuparse de sus nietos. Es importante diferenciar el rol de cada uno.
¿Cuál es su opinión sobre la figura de los abuelos canguro? ¿Es una figura al alza o a la baja?
La figura de los abuelos canguro está claramente en alza, en cuanto que cada vez se está dando más, ya que la gente mayor goza de mejor salud y la incorporación de la mujer al mundo laboral es ya una realidad. En mi opinión, en muchos casos se produce un abuso por parte de los hijos cargando a los abuelos con una responsabilidad que no tienen por qué asumir. Otra cosa es que se produzcan situaciones de necesidad absoluta, -un accidente, una situación económica insostenible, una enfermedad...- Los abuelos son abuelos, pero no padres. Sólo deben actuar como tales cuando los padres no puedan hacerlo.
¿La figura de los abuelos qué aporta a los nietos y qué debería aportar?
Aporta o debería aportar cariño, cultura familiar, amor a las tradiciones, raíces familiares, experiencia, ternura... No creo que su misión tenga que pasar de ahí. Los abuelos deberían ser un complemento de los padres en la educación de los niños.
Los hijos a veces piensan que sus padres pecan de intrusismo en la educación de los nietos. ¿Cuál debería ser la actitud de los hijos ante la experiencia de los padres?
Está bien que los abuelos aporten en un momento dado su experiencia y su visión de cómo van los nietos, pero nunca actuando directamente sobre ellos sino dirigiendo sus comentarios a los hijos. Comprendo que los hijos se molesten ante un abuelo que pretende suplantarles en la educación del nieto, pero harán bien en escuchar a sus padres si éstos son personas sensatas.
¿Qué piensa que es más saludable, un abuelo muy exigente que declara constantemente lo mal educados que están sus nietos o el abuelo consentidor cuyos nietos son los mejores del mundo?
Por supuesto, me quedo con el abuelo consentidor. Yo diría que los abuelos, por naturaleza están para consentir, precisamente porque son abuelos y no son padres.
Los abuelos, ¿deben ser parte activa en la educación de los nietos o deben limitarse a quererlos? Algunos abuelos dicen “que los eduquen sus padres, yo sólo les veo una vez a la semana...” ¿Es una actitud correcta?
Si se trata de abuelos de los que ven a sus nietos el fin de semana, por supuesto. Los abuelos no tienen que educar a los nietos. Ésta es una responsabilidad de los padres. Ahora bien, si se trata de abuelos que sustituyen a los padres, que cuidan normalmente de sus nietos y por tanto, desarrollan la función de padres, sí deben educar. Pero en este caso no actúan como abuelos sino como padres.
¿Cree que a veces los hijos comprenden y valoran la aportación que los abuelos pueden tener en la formación de sus hijos?
Creo que algunas veces los hijos se olvidan de que sus padres han pasado por todas las situaciones que ellos están viviendo. Aunque los tiempos cambien, hay constantes en la educación que se repiten generación tras generación. Otro tema importante es el de los abuelos como conservadores y transmisores de las tradiciones y cultura familiar, que tiene su grado de importancia.
Los hijos que cargan a los abuelos con el cuidado de sus nietos, ¿abusan de sus padres? ¿Cree que en general éste es un buen sistema para los nietos, o estarían mejor en la guardería al cargo de un profesional?
Efectivamente, pienso que hay muchos padres que abusan de los abuelos. Cada vez más. No creo que encargarse de los nietos como actividad diaria sea función de los abuelos, más que en los casos extremos en los que existan problemas económicos, o de enfermedad... Para eso existen estupendos profesionales en los Jardines de Infancia.
¿Qué importancia tiene la figura de los abuelos en la familia como institución?
Los abuelos significan la continuidad de las tradiciones familiares, incluso de los valores morales y religiosos. Son una figura que complementa a los padres en la educación de los niños y cierra el círculo familiar. Son transmisores de la memoria o la historia de la familia. Convendría escuchar más las viejas historias de los abuelos para conocer mejor las raíces de nuestra propia historia y valorar en todo su contenido la familia como institución.
¿Qué se pierden los nietos que no llegan a conocer o a tratar a sus abuelos? ¿Y viceversa?
Se pierden una experiencia que puede llegar a ser muy gratificante para ambos. La relación entre abuelos y nietos es mucho menos conflictiva que la de padres e hijos, y está llena de ternura. Los abuelos vuelven a su infancia con sus nietos, juegan con éstos y reviven recuerdos felices, se sienten útiles... Los nietos se sienten queridos incondicionalmente, lo cual puede ser muy bueno para su autoestima.
miércoles, 5 de diciembre de 2007
Diferencia entre Castigo y Disciplina

Para algunas parejas puede ser difícil ver la diferencia entre lo que es el castigo y la disciplina. De hecho, algunos de nosotros crecimos en hogares donde la palabra disciplina no existía. La palabra usada era "castigo".
"Te voy a castigar si no haces tal o cual cosa." Ese castigo era, en la mayoría de los casos, de tipo físico, algo que causara dolor físico a la niña o al niño. Esta era la forma de disciplina que nuestros papás y abuelos conocían. Pero veamos qué se entiende por disciplina.
De acuerdo con el diccionario de la lengua española "disciplina" significa: "Doctrina o enseñanza." De esta palabra se deriva la palabra "discípulo." Un discípulo es la persona que recibe enseñanza de un maestro o una escuela, de acuerdo al diccionario. Los discípulos de Jesús, por ejemplo, recibieron de su maestro todas las enseñanzas cristianas. Así, la palabra disciplina se podría definir como "el arte de recibir una doctrina o enseñanza."
Ahora, tratemos de entender esta palabra en el contexto de la familia. ¿Qué significa disciplinar a los hijos? Es muy importante que esta pregunta sea contestada claramente, pues los padres de familia hemos recibido de Dios el mandato de disciplinar a nuestros hijos; y mediante la disciplina, prepararlos para que sean personas de bien para la sociedad y para el mundo. Disciplinar, en el contexto familiar, significa también enseñar. Los padres de familia estamos llamados a enseñar a nuestros hijos los valores morales, religiosos, sociales y cívicos que hacen a un individuo integralmente saludable para la sociedad y para el mundo.
Para disciplinar a nuestros hijos en esos valores no hace falta el castigo físico. Ciertamente hay momentos en que el castigo físico nos parece lo más conveniente, la salida más fácil y rápida para hacer que nuestros hijos hagan lo que nosotros queremos que hagan. Ellos, nuestros hijos, lo van a hacer, no por convencimiento personal, sino por miedo a que se les castigue. A este punto podemos preguntarnos, ¿Cuál es el valor o los valores que le estamos pasando a nuestros hijos cuando les castigamos físicamente?. Cualquiera que sea la respuesta, es obvio que no estamos transmitiendo ninguno de los valores mencionados arriba.
Pensemos por un momento cuándo es que le hemos castigado físicamente a nuestros hijos. ¿Cuando hicieron una travesura?, ¿cuando derramaron la leche en el sillón?, ¿no nos hicieron caso?, ¿cuando hemos llegado del trabajo cansados y hemos proyectado nuestro cansancio y frustración sobre ellos? ¿O cuando los problemas de papá y mamá han sido proyectados sobre ellos?. Muchas veces los niños pasan a ser los conejillos de indias con los cuales nos desquitamos y en nuestra mente, justificamos nuestro comportamiento pensando que les estamos disciplinando. El disciplinar requiere no de palabras groseras, golpes o intimidación en el niño, sino de paciencia, perseverancia, saber poner limites, mucha comunicación, mucho amor y sobre todo, que mamá y papá tengan mucha conciencia y conocimiento del valor que quieren transmitir al niño o niña.
Nuestros hijos son nuestros pequeños discípulos, sedientos de aprender cómo es este mundo, cómo actuar, cómo comportarse o cómo reaccionar en diferentes situaciones. En otras palabras, pequeños discípulos que quieren ser personas de bien para la sociedad y para el mundo. Por eso ellos preguntan, por eso se equivocan, por eso hacen travesuras e intentan ser como los adultos. Un niño nunca intenta contrariar o exasperar a sus padres, sólo intenta aprender. Es por ello que, al igual que lo hace el maestro con su estudiante, es necesario contestarles todas las preguntas con la verdad, tomar tiempo para escucharles, instruirles, valorar sus sentimientos, pensamientos, puntos de vista, de tal manera que los niños sientan que son seres humanos que valen, no por las veces que se equivocan, sino porque son seres humanos, porque son personas.
Es sumamente importante hablar con ellos, no importa que pensemos que ellos todavía no entienden. Es muy importante que nuestros hijos sepan, no sólo el valor que les queremos transmitir, sino cuál es la importancia de ese valor en sus vidas. Los niños necesitan escuchar muchas veces de sus padres qué es lo que se espera de ellos, y los adultos debemos estar conscientes de que para instalar un valor en un niño se necesita paciencia, repetición, consistencia, y sobre todo, muchos abrazos, besos y tiempo.
Por su puesto que a veces es necesario utilizar alguna norma disciplinaria, que se dará como consecuencia de una acto negativo repetitivo. Este comportamiento negativo se podría dar en el niño cuando se da cuenta que sus deseos no son satisfechos en el programa de disciplina seguido por sus padres. En estos casos, el niño debe saber cuál es la consecuencia y por qué la está recibiendo. Este tipo de disciplina va orientado a hacer entender al niño el tipo de comportamiento deseado, pero por ninguna circunstancia debe de ser un castigo físico. Dicho programa debería hacer la diferencia en lo que es un deseo del niño y lo que es una necesidad. No todos los deseos pueden ser satisfechos en un niño, pero sí todas las necesidades. En algunos casos, ellos, los niños, se van a negar a aprender a pescar, pues es más fácil recibir el pescado ya listo para ser comido. Ahí es donde nosotros, los padres de familia, debemos tener presente que no se trata de darles el pescado, sino de enseñarles a pescar.
Por Valentín Araya-Mesén
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